Los restos de la mejilla de San Antonio de Padua llegaron a San Juan el 14 de octubre de 1987. Los trajo Angello Rizzetto por pedido de unos curas franciscanos que sufrieron un percance mecánico en el vehículo en el que viajaban y fueron auxiliados en Media Agua, Sarmiento. Como agradecimiento, esa vez los religiosos prometieron enviar una reliquia de Padua. Así llegaron sus restos que fueron celosamente guardados en un relicario (foto) dentro de una urna con un blindex de grueso espesor, roto el día del robo. Cuando el hecho pasó, la comunidad sarmientina y la católica en general sufrieron un golpe conmocionante, por su ferviente fe en el santo.