16 de diciembre de 2016 - 00:00

River, para la historia

Para la historia. Tal vez, en la mejor final de todas las ediciones de la Copa Argentina, River Plate terminó coronando una noche inolvidable al vencer en Córdoba por 4-3 a Rosario Central en una definición apasionante, que lo colocó en la Copa Libertadores 2017 y sepultó la amargura del Superclásico perdido el domingo pasado. Hubo de todo.

Polémica, siete goles, expulsado y un campo de juego que no se merecía una final así. Pero poco importa en el presente de este River que se hizo fuerte en la desventura y terminó ganando.

Todo vertiginoso. Un arranque marcado por la polémica porque a los 8’ a Teo Gutiérrez le hicieron penal y el árbitro no lo vio, pero para mala fortuna de Loustau, en la contra Musto tocó apenas a Alario y marcó el primer penal de una noche más que caliente en Córdoba.

El goleador lo cambió por gol y a los 10’, River sacaba ventaja sin haber hecho méritos. Reaccionó a pura furia y con algo más de fútbol y a los 25’ Batalla cometió un pecado de juventud imperdonable y de su error al salir flojito de manos, le regaló el empate a Musto que puso el 1-1 que acercaba algo de justicia a la final.

Pero estos primeros 45’ tenían mucho más para entregar porque a los 29’ Marco Ruben sacó el manual del goleador para poner el 2-1 tras una magnífica definición controlando de zurda y definiendo de derecha.

 

El pobre arbitraje de Loustau hizo recordar al de Diego Ceballos en la final del 2015.

Rosario estaba arriba y parecía que cambiaba la historia pero a los 37’ Gizzi tocó apenas a Alario y Loustau vio penal en una acción idéntica en la que antes no había visto contra Teo y nuevamente Alario venció a Sosa para poner el 2-2 en el cierre de un vertiginoso primer tiempo en el que el árbitro terminó siendo gran protagonista.

En el complemento, los primeros 20’ fueron de pausa y de replanteo para ambos. Pero aceleró Central y a los 18’ Marco Ruben puso el 3-2 tras otro error del arquerito Batalla. Parecía que Central encontraba el camino y metía esa mano de nocaut que definía todo.

Pero claro, River es River y la categoría enorme de un goleador como Lucas Alario lo volvió a meter en el partido cuando a los 26’ el propio Alario puso el 3-3 que abrió otro partido. Más emociones, más sensaciones.

Y a los 29’ el acierto al pleno de Marcelo Gallardo con el ingreso de Iván Alonso, le dio sus frutos porque el veterano uruguayo estableció el 4-3 definitivo que sería ya irremontable para un Central al que le ganó su impotencia y perdió a Ruben por expulsión.

Fue una final para la historia. Por la polémica, por las emociones, por los goles de Alario, los de Ruben, los errores de Loustau y los del arquero Batalla.

Una verdadera final que se la terminó llevando el River Plate de Gallardo que renació de sus cenizas tras perder contra Boca y demostró una enorme capacidad de reacción para ganar su primera Copa Argentina y dejar a Central con las ganas por tercera vez.

 

CLAVES

 

Personalidad

River Plate venía golpeado y cuestionado. Se repitieron errores de Batalla pero pudo recomponerse en la adversidad y acertó en sus opciones de gol ante la defensa de Central para ser campeón.

Oportunidad

Rosario Central tuvo su momento en la final y lo dejó escapar. Remontar la adversidad de los penales, remontar el marcador y pasar al frente era demasiado como para dejarlo ir en tres minutos cuando parecía suyo.

Genio y figura

Los goles no se merecen, se hacen, y Lucas Alario estuvo ahí donde deben estar los goleadores para definir una historia que fue demasiado cambiante, marcada por el suspenso y las emociones.

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