Yazmín Guglielmino (25) se estremece y se le enrojecen los ojos cuando recuerda el traumático momento. Había ido con sus dos hijos, su cuñada y la hija de la mujer a retirar mercadería de un ente vecinal. Y al volver, a metros de su casa en el barrio Wilkinson, Rivadavia, decidieron cortar camino y saltar los guardarrail de calle Nuche. "No vayas a tocar el pilar (de la farola de alumbrado público)", alcanzó a decirle a su pequeño Simón (6) cuando vio que el niño lo tocó, salió despedido y quedó sobre el guardarrail, sin despegar su pequeña mano del caño metálico. Con su nena en brazos, Yazmín le dio un tirón pero sintió como un hormigueo y no pudo despegarlo. En el acto arrojó a su beba de 1 año y volvió a tomar al nene con sus dos manos. Entonces atravesó los segundos más traumáticos de su vida, porque ese hormigueo ganó cada centímetro de sus brazos, su pecho, sus piernas, debilitándola. "No sentía las piernas pero no lo iba a soltar, con la poca fuerza que me iba quedando lo tiré a la calle y quedó en posición fetal, inconciente. Yo pensé que estaba muerto, empecé a los gritos, me volví loca", dijo ayer Yazmín.

