De concretarse -para eso todavía no hay fecha ni mayores certezas porque habría que hacer todo un estudio pormenorizado del terreno- será la primera vez que se desande este camino de manera oficial. Al menos cuenta con un primer visto bueno por parte de las autoridades del RIM.
"El camino por el Paso de Guana es complejo porque se está a mayor altura, por ende las jornadas para llegar son más difíciles y largas (de aproximadamente 8 horas, se calcula) e inclusive hay sólo un momento ideal en el día para cruzar a Chile porque el resto de la jornada azotan vientos intensísimos”, explica Abarca, quien es secundado en la charla por Angel Astudillo -uno de los dos integrantes de su sección que hizo el recorrido, el otro fue Enrique Flores- que agrega que hay que estudiar la zona que se inicia desde Las Tapias, en Ullum, y sigue bordeando el río hasta Matagusanos, Talacasto, La Ciénaga (en Iglesia), pasa por Pismanta, Las Flores, Arrequintín, la Quebrada de Agua Negra, la Quebrada de San Lorenzo. el glaciar de Olivares para desembocar en el Valle Patos Norte y así bajar a territorio chileno. "Se llega a más de 4.500 metros pero es un lugar maravilloso, donde abundan las cabras, las ovejas, los pájaros y hay mucho silencio”, según describe el paisaje añorado por los baqueanos del RIM, el que pretenden compartir algún día también con civiles interesados por reavivar la historia.
(Casi) sin reconocimientos
Para el reconocido historiador Edgardo Mendoza, "la historiografía sanjuanina está en deuda con la figura de Juan Manuel Cabot. Pocos son los trabajos de investigación que han tratado de rescatarlo del olvido”. Por eso es que hace muchos años ya encaró junto a los integrantes de la Cátedra de Historia Contemporánea de la Universidad de Adultos Mayores de la UNSJ un trabajo que recopiló por medio de partes de guerra y cartas entre el teniente coronel Juan Manuel y las autoridades locales (como José Ignacio de la Roza o el mismo San Martín), todos los pasos que dio hasta cumplir con el cometido estratégico que le había encomendado. Ese trabajo se convirtió en un libro que está agotado y con ayuda del municipio de la Capital se reeditará pronto una segunda edición. Pero no es todo, esa investigación sirvió de argumento para que las autoridades militares bautizaran a la unidad local ubicada en Marquezado, con el nombre del patriota.
Es más, a modo de salvar la deuda de los sanjuaninos con Cabot, es que el licenciado Mendoza aplaude la iniciativa de los baqueanos por revalorizar el sacrificio y el valor de los hombres que lo siguieron a este "soldado de la independencia americana”, tal como llama a Cabot en el título de su libro.
Soldado de pies a cabeza
Cabot es considerado un héroe de la independencia. Peleó en las Invasiones Inglesas como parte del Batallón de Voluntarios Urbanos y luego en el Norte con el Ejército Auxiliar de Perú. Más tarde fue designado teniente en la compañía de Fusileros del Regimiento de Patricios y en agosto de 1813, en la compañía de Granderos. Combatió en las batallas de Tucumán (1812), Salta (1813), Vicalpugio y Ayohuma. En 1814 conoció a San Martín, quien lo vió como un soldado "de pies a cabeza” y lo sumó a su ejército.
Por ese entonces Argentina todavía no había declarado su Independencia. Y en San Juan, había rumores que podía ser el blanco de los ataques españoles. Mientras que en el vecino país, las cosas no estaban mejores. Desde 1810, un grupo de patriotas chilenos había encabezado un movimiento para deponer al gobierno español en Chile. Eso fue hasta el 1¦ de octubre de 1814 que las tropas españolas o godas (como se las llamaba) derrotaron al ejército chileno en Rancagua, por esa razón, muchos de esos soldados cruzaron por los pasos cordilleranos hasta las Provincias Unidas del Río de la Plata para reorganizarse. Así llegaron a San Juan y Mendoza, con una consigna: volver a Chile para ayudar a restaurar la libertad.
Aquí se encontraron con una esperanza: José de San Martín planeaba enfrentar a los españoles con un "plan continental”, según cuenta Mendoza en su libro. Su proyecto era ir a Chile y desde allí a Lima para golpear el centro del poderío español en América del Sur.
San Martín asumió la Gobernación de Cuyo y de inmediato empezó trabajar para cumplir su objetivo. Entre otras cosas aprobó a José Ignacio de la Roza como Gobernador de San Juan (había sido elegido por los vecinos) y al teniente coronel Cabot, con 31 años, para organizar el aspecto militar.
Para eso, en 1815, ordenó el alistamiento de todos los ciudadanos de los 12 distritos de la ciudad, de 15 a los 45 años para formar un Batallón de Infantería y una Compañía de Artillería y Caballería para aportar soldados instruidos al ejército que San Martín formaba en Mendoza. Fue tanta la cantidad de reclutas que logró armar un batallón independiente que se llamó Batallón N¦ 1, Cazadores de los Andes.
En 15 meses y con ayuda del pueblo sanjuanino -que aportó vestimenta, botas, comida, dinero e inclusive animales- Cabot logró disciplinar a más de 500 hombres, muchos de ellos fueron destinados a Mendoza para la división de vanguardia que, más adelante, ganaría con "el Libertador” las batallas de Chacabuco y Maipú. Mientras que a los hombres que quedaron en San Juan, se sumaron 233 esclavos e inclusive los mismos chilenos que habían huido de su país. Además una vez llegado a Pismanta, se agregaron muchos voluntarios, gauchos y paisanos de Chimbas, Albardón, Talacasto, Jáchal, entre otros, con intenciones de "ayudar a la Patria”. Según calcula llegaron a ser 800 hombres.
La gran hazaña
Luego de la independencia argentina, la idea de cruzar a Chile estaba definida. Se haría en enero de 1817 por seis puntos cordilleranos, dos de ellos en San Juan. El principal, por donde pasó San Martín y una de las columnas secundarias, al mando de Cabot. La estrategia era confundir al enemigo e impedir que conociera dónde se realizaría el ataque principal.
Según figura en el libro de Edgardo Mendoza, fueron largas jornadas las que hizo la columna integrada por los milicianos y hombres del pueblo de San Juan. Partieron el 12 de enero con lentitud por la gran cantidad de alimentos y armas suplementarias que trasladaban: 1500 mulas, 120 quintales de charqui molido, 8 onzas de galletas, otras tantas de ají molido, sal, harina de maíz, barriles de vino y agua ardiente, cueros de vacunos, lanzas, cañones, 200 fusiles de repuesto, artillería y herramientas.
El periplo se hizo enarbolando su propia bandera (con las "tres bandas horizontales como la insignia nacional con los colores de la Patria y el escudo argentino en el centro+), la que fue confeccionada por Félix de la Roza, hermana del gobernador, Borjas Toranzo de Zavalla, Jacinta Angulo y las señoritas Spada. Su costo fue solventado por José Rudecindo Rojo.
En el camino encontraron varios escollos. Como por ejemplo la dificultad para cruzar el río San Juan que en enero está crecido. Para ayudarse utilizaron balsas que el Cabildo de San Juan había mandado a construir. También tuvieron varios tramos si contar con agua, ni para los hombres ni para los animales, algo fundamental en un verano tan caluroso.
Con gran esfuerzo por la altura y la geografía, el 30 de enero de 1817, los primeros soldados de la columna pisaron territorio enemigo. Al parecer, según cuenta Mendoza, un observador apostado al pie de la cordillera informó al gobernador de La Serena, el arribo de un batallón de 800 hombres. Lo que era un problema para los españoles que no pudieron hacerle frente, porque eran menos y porque, la población chilena apoyó a los soldados de Cabot de inmediato. A tal punto que el 10 de febrero tomaron 35 prisioneros, entre espías y sospechosos realistas. No fueron los únicos. La noche entre el 11 y el 12 de febrero se enfrentaron en lo que se conoce como la Batalla de Salalá, en la que salió victoriosa la columna de Cabot, que contabilizó más prisioneros y como si fuera poco, dejó libre el camino para que San Martín llegara a la capital chilena. De hecho, ese mismo día, el general triunfó en la Batalla de Chacabuco. Así el Regimiento de Talavera, el más profesional de Chile con el que contaban los españoles, había caído. Sus estandartes y su bandera quedan en manos de los patriotas.
A Cabot, todavía le queda defender el Puerto de Coquimbo, como lugar estratégico. Allí tuvo que enfrentarse a la flota española -4 fragatas y 3 bergantines- que huía por el mar a Perú, luego de la derrota de Chacabuco. Con cañonazos desde tierra, lo lograron. Y una batalla similar tuvieron que librar unos días más adelante.
De vuelta a San Juan
A esta altura de las circunstancias, la situación en todo el norte chileno estaba controlada por lo que los milicianos sanjuaninos podían volver. Aunque en el sur, los españoles todavía resistían. Por eso, Cabot permaneció al Ejército de los Andes mientras que buena parte de su columna se disolvió: los chilenos se integraron al ejército del país y los argentinos regresaron a su tierra donde fueron reconocidos con méritos, medallas de oro y plata. Incluso San Martín envió la bandera del Regimiento de Talavera, capturada en Chacabuco, como reconocimiento al esfuerzo del pueblo de San Juan. Esta se exhibió en los templos de San Agustín y la Iglesia Catedral y luego desapareció de manera misteriosa en 1871. A los años, se la encontró en el Museo Histórico Nacional en Buenos Aires y actualmente se encuentra en San Juan.
Juan Manuel Cabot se retiró del ejército por invalidez en 1819. A partir de entonces su historia es la misma que la de muchos próceres: el olvido, la indiferencia, la muerte en el exilio y la pobreza. Falleció en 1837 en Chile.
Fuentes consultadas: "Juan Manuel Cabot, un soldado de la Independencia Americana” de Edgardo Mendoza/ Archivo Diario de Cuyo/ www.elhistoriador.com.ar de Felipe Pigna.