Poco después que el Gobierno perdiera la histórica votación en el Senado por la resolución 125 de las retenciones móviles, Carlos Cheppi tomaba las riendas de la Secretaría de Agricultura de la Nación. Pasó poco más de un año y con el conflicto con el campo en punto muerto, Cheppi resolvió su retirada. Pero su salida inminente implicará no sólo un cambio de hombre y nombres sino también de rango. La presidenta aprovechará el movimiento para convertir a la Secretaría de Agricultura en Ministerio, lo que en la práctica supone darle un giro político al conflicto con el campo y un recorte de poderes para la Cartera de la Producción que conduce, Débora Giorgi. Sin Agricultura, el Ministerio de la Producción reducirá su radio de acción ya que bajo su órbita tampoco está la Secretaría de Minería, es decir, no contará con dos de los sectores más dinámicos en la economía. Así, el recientemente creado Ministerio de la Producción, limitará su radio de acción a Comercio e Industria. Poco, para una cartera creada con la misión poner en marcha los motores de la economía. Pero en cuestiones de suma y resta, el dato más significativo de esta movida, es que también pierde poder, nada más ni nada menos, que el resistido secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno quien maneja cuestiones claves para el sector agropecuario. También queda en el camino, el titular de la Administración Federal de Ingreso Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, quien, en los hechos, maneja la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), pese a que, formalmente, depende de Agricultura.

El rosario de reclamos de los dirigentes de la Mesa de Enlace Rural, siempre incluía un pedido de renuncia de Moreno y una denuncia de "extralimitaciones de poder" por parte de Echegaray.

Pero así como Giorgi, Moreno y Echegaray resignarán poder, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, saldrá políticamente fortalecido. Es que el elegido para reemplazar a Cheppi es un diputado bonaerense del riñón de Aníbal, y como él, con pasado duhaldista. Se trata de Julián Domínguez, un pollo del ex gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, que tiene una buena llegada con el gobierno nacional. Y por sobre todas las cosas, un político y no un técnico.

De la D a la K

"Elevar al rango de Agricultura a Ministerio el Gobierno está reconociendo la importancia que el sector agropecuario tiene en el país", afirma el diputado nacional, Ruperto Godoy para quien Julián Domínguez "es el hombre indicado para conducirlo". "Domínguez no es un técnico, no conoce nada del campo pero viene de la política, esto es importante porque el conflicto con el campo es fundamentalmente político y es clave dialogar", agrega Godoy.

Julián Domínguez es un ex duhaldista que en mediados de los ’90 trabajó en el Ministerio del Interior junto a Carlos Ruckauf. Fue, por esos tiempos (1995) intendente de Chacabuco, y en 1999 asumió como ministro de Obras Públicas bonaerense, nuevamente con Ruckauf.

Fue clave en la rescisión de la concesión del agua potable bonaerense a Azurix (Enron). Inclusive cuando Felipe Solá reemplazó a Ruckauf siguió trabajando en el gabinete bonaerense.

Su ascenso siguió en 2002 cuando asumió Eduardo Duhalde como presidente (Ruckauf fue canciller) y él obtuvo el cargo de vicejefe de Gabinete. En 2003, trabajó junto a José Pampuro en el Ministerio de Defensa. Ese mismo año fue elegido diputado provincial, renunció para asumir en diciembre como legislador, cargo para el que fue reelecto en 2007. Hasta hoy se desempeña como vicepresidente de la Cámara de Diputados bonaerense y desde allí dejó una herencia poco grata para los productores: Como legislador, Julián Domínguez, votó la semana pasada el impuestazo del gobierno de Daniel Scioli, por el cual se incrementa el gravamen inmobiliario rural en el distrito en un 30%.