Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Pamela Spitalieri (26) tomaba un té en el comedor de su casa cuando, en un descuido, Bautista (2), el menor de sus dos hijos, tomó de la mesa el encendedor que en los últimos días ella trataba de esconder a toda costa, porque el nene había encontrado un gusto particular por experimentar con ese artefacto. Yamir (7) su hijo mayor, había salido a hacer unas compras. Eran alrededor de las nueve de la noche del viernes en esa casa del barrio San Benito, en Pocito, cuando el olor a humo sacó de golpe de su silla a Pamela, que de inmediato descubrió el origen del siniestro: el dormitorio de sus hijos. De los nervios o vaya a saber por qué, no pudo entrar a la habitación porque la puerta se cerró justo antes de que intentara rescatar a su hijo y quedó trabada, contó ayer Karen, hermana de la joven. Entonces corrió a los gritos hacia la ventana del dormitorio, por el fondo, pero fue imposible abrirla y, además, tiene unas gruesas rejas. En la desesperación, pronto llegaron al lugar sus familiares, que viven al lado en el mismo barrio, y uno de ellos destrabó de una patada una de las puertas de afuera, que también se habían trabado. Fue Franco, hermano de Pamela, el que entró a la carrera en medio de toda la oscuridad y encontró a su sobrinito tendido en el piso de la cocina comedor. El nene había salido de su habitación, pero no avanzó mucho y quedó lastimado e intoxicado. "Tenía toda la cara quemada", contó ayer el joven.

