Los primeros síntomas de que algo no estaba bien con esa niña de 14 años, los notó su madre. Desgano, irritación, angustia, tendencia al aislamiento y al silencio. Y expresiones que la preocuparon, porque había dejado de ser esa chica alegre y comenzó a decirle que se sentía menos, que no era perfecta, pidiéndole, además, que la cambiara de escuela, donde había bajado su rendimiento. Según la denuncia, la mujer pensó que su hija era víctima de bullying y la llevó a un psicólogo de su departamento. Ahí encontraron signos más preocupantes, como sus ideas suicidas, que se concretaban en varios cortes en uno de sus brazos. Esa alarmante situación, llevó a la psicóloga a derivarla al área de psiquiatría del Hospital de Niños, donde una colega descubrió que tanto desorden tenía otra explicación, muy alejada del bullying: posible abuso sexual. Fue al cabo de una de esas entrevistas, que la menor se animó a contar todo delante de la psicóloga y su madre. Según fuentes judiciales, dijo que tras la muerte de su abuela paterna, en mayo del año pasado, su abuelo comenzó a manosearla hasta que la violó, por lo menos cuatro veces.

