La creación de nuevas variedades de vid para uva de mesa, vino, jugo concentrado y pasas es un tema que un país vitivinícola no debe descuidar. La Argentina hizo mucho con creaciones del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como la Arizul, Aconcagua, Patricia, Rieslina, Tinogasteña y muchas otras investigaciones que quedaron truncas cuando el país ingresó en los 90 en la globalización y prefirió introducir nuevas variedades y clones a invertir en investigación con material adaptado al lugar.
Sin ánimo de comparar modelos de países, en este sentido Chile nos sacó ventaja. El país trasandino, basado en un modelo frutícola exportador basado al mejor estilo yankie, vio la necesidad de crear sus propias variedades e incluso poder exportarlas amparadas bajo la forma de patentes.
Una información publicada en el portal Redagrícola.com revela que la variedad Iniagrape-one, generada por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) para el Consorcio Tecnológico Biofrutales ha entrado en etapa de franco desarrollo comercial, como quedó demostrado en una serie de días de campo.
El Consorcio, en el cual participan 11 entidades, entre universidades, empresas privadas e instituciones públicas, se formó para reforzar el trabajo de mejoramiento genético en uva de mesa que había iniciado el INIA, y darle una proyección en los mercados. La entidad entregó la tarea de comercialización y difusión de las variedades a Andes New Varieties Administration, precisaron.
Chile no solamente se convierte en un país receptor, sino que también va a aportar genética al mundo. Los creadores han recibido una cantidad impresionante de correos y llamados de gente que se ha enterado de esta variedad por los medios y están interesados en hacer desarrollos, evaluarlas o vincularse al programa. Señalaron haber recibido consultas concretas desde Perú, Argentina, Sudáfrica, España y Perú.
El plan de desarrollo comercial para Iniagrape-one se orienta a mantener una oferta controlada en el mercado, para proteger a quienes la adopten. Este año se realizó la primera plantación comercial en Chile. Se ha fijado un tope inicial de 500 hectáreas en el país, llegando a esa cifra en forma de pulsos durante los próximos años.
Deben salir a través de unas 10 empresas comercializadoras que se vinculen al programa. La idea es desarrollar el programa con las que estén interesadas en estas selecciones y variedades, dándoles las primeras opciones cada vez que crean que una variedad tiene el mérito suficiente.
De acuerdo a lo indicado por el representante de Andes, se fijará un royalty de alrededor de U$S1,25 por planta y una regalía por producción en torno al 4,5% del valor FOB.
La investigadora Carolina Uquillas indicó que se han enviado estacas de Iniagrape-one para patentar la variedad en Estados Unidos, como parte de la internacionalización del programa, una tarea muy común en este tipo de emprendimientos que buscan trascender las fronteras.
