La crisis vitivinícola que atraviesa la provincia no tiene precedentes. Lo admiten aquellos que peinan canas y lo dicen también los jóvenes técnicos estudiosos de la historia de la provincia y el país. Esta crisis, como era de esperarse, ha despertado posiciones encontradas que, a diferencia de otras, parece tener razones valederas en ambos "bandos", el del gobierno y el de los viñateros. En el gabinete de José Luis Gioja creen que ante un escenario internacional adverso, una inflación creciente y, aunque no lo admitan públicamente por previsibles consecuencias, un dólar planchado en un valor no conveniente, no hay posibilidades de que alguien gane esta temporada. E intentan remediar con parches (que es lo único que pueden hacer) los efectos de esas adversidades. Eso, del lado oficial. Entre los privados reina la bronca, el desconcierto de no saber hacia dónde, qué ni cómo reclamar, además del susto y una larguísima historia de postergaciones, de malas decisiones empresariales con el resultado lógico de pésimos balances económicos. Es un problema con demasiados puntos oscuros que por lo que asoma, no tendrá solución en ésta temporada. Para colmo, la política mete presión, en un año electoral.

Hay contexto internacional problemático y nadie, ni siquiera los viñateros, pueden negarlo. España, gracias a una inusual superproducción, inundó el mercado de un mosto muy barato: entre 900 a 1.000 dólares por tonelada, cuándo hasta el año pasado se registraron operaciones a 1.700 o 1.800 dólares. Como se sabe, el mosto termina actuando como precio de referencia para el resto de las comercializaciones del sector, por eso es importante que conserve un valor alto. Si baja, empuja toda la cadena hacia abajo, y al revés si sube. No son los únicos con problemas, los paseros son otros que no la pasan bien: si hasta el año pasado estuvieron vendiendo cada caja a 22 o 23 dólares, este año esperan que las operaciones no superen los 16 o 17 dólares, 5 o 6 dólares por debajo de lo comercializado la temporada anterior, todo gracias a la crisis económica en Brasil. Con el agravante de que toda la pasa que se produce en San Juan se exporta y Brasil, justamente, se lleva el 60 o el 70 por ciento de la producción sanjuanina. Lo descripto antes es sólo para poner en contexto, porque hay que sumar los problemas "argentos", esos que nacen solitos y sin la ayuda de mercados internacionales: en 2007 el salario de un empleado de viña era de $988,75, y el dólar estaba a $3,17. En 2014, el mismo trabajador cobró $4.681,23, pero con un dólar a $8,55. Haciendo una cuenta muy sencilla y proyectando los valores, hay que decir que para aguantar esa suba, el billete verde debió valer unos $15, aproximadamente. La úrea, uno de los fertilizantes más usado por los productores, costaba en 2007, $1.578 por bolsa, con un dólar a $3,17, como ya se advirtió. Ese mismo producto hoy cuesta $6.600. Los productores dicen que si atan ese aumento a la escalada de la moneda verde, cada dólar debería costar hoy $13,25. Un litro de gasoil en 2007 valía $2,279 y ahora cuesta $12,97. Para aguantar esa suba, el dólar debería valer $18, pero no, por decisión del Gobierno Nacional hoy apenas supera los $8 (el oficial). Es decir, con un dólar desfasado, los precios internacionales por el piso, y una inflación del 30 al 40 por ciento, la competitividad de los exportadores argentinos queda reducida a la nada misma. No pueden vender porque el precio que maneja el Mundo es muy bajo para los costos internos de producción. Y si no venden, las existencias suben y los precios se deprimen, que es una regla básica en cualquier actividad económica. Por supuesto que ni los productores, ni el Gobierno Provincial reclaman un dólar a $18, porque eso acarrearía otros problemas bastante peores, pero tampoco a $8, porque se complica a quienes están en la base de la cadena, que son, por ejemplo, los productores. En el Gobierno saben de esa falta de competitividad, pero no puede ponerle precio al dólar, ni tampoco obligar a España a no vender barato ni mucho menos evitar que subsidien sus productos, como también hacen. Tampoco San Juan es Córdoba, Mendoza o Santa Fe, para ejercer tanta presión política a la Nación, y obligar a la gestión de Cristina Fernández a torcer el rumbo en algo, mucho menos en algo tan medular como el tipo de cambio. Gioja tiene excelente relación con el Gobierno Nacional, pero no tiene espaldas que aguanten semejante arremetida. La prueba está en que todas las economías regionales están más o menos en la misma situación, sólo alcanza con chequear los diarios de cualquier provincia como San Juan.

Pero para el Gobierno de San Juan la situación es aún peor, porque tiene un hermano mayor que no termina de hacer lo que promete: Mendoza (que concentra el 75% de la producción de uvas en el país) se comprometió con San Juan a principios de enero a inmovilizar el 40% de la uva que ingresa a bodega, salvo, obviamente, la que se exporta o la que tiene otros usos que no sea el de hacer vino. También, mediante ese acuerdo, se postergaba la fecha de liberación de vinos al 1 de agosto para caldos elaborados con uvas de terceros y pequeñas bodegas, y hasta el 1 de noviembre para las más grandes. En San Juan ya saben, aunque no lo admiten, que Francisco "Paco" Pérez no va a cumplir lo que prometió. Y a consecuencia de ello en el gabinete de Gioja ya están pensando en algunas salidas extraordinarias para compensar el incumplimiento mendocino, aunque pocas alternativas quedan.

En resumidas cuentas, el Mundo está lleno de stock y lo que pasa en Argentina está ocurriendo en varias partes del planeta, aunque claro, en otros lugares se ve que han hecho las cosas bastante mejor que en este país. Han podido controlar la inflación, no han suprimido la actividad con presiones tributarias excesivas, han favorecido las exportaciones, no han frenado la venta de dólares a los importadores, ni tampoco se han aislado del resto del Mundo, capacidades únicas argentinas.

En el aspecto político también hay claroscuros: Juan José Ramos, líder de la Asociación de Viñateros independientes y uno de los protagonistas de las protestas contra el Gobierno, es productor y elaborador a la vez. Ramos ha sido uno de los más beneficiados con el dinero del Gobierno y es un activo militante opositor, así y todo no se le ha escapado ni un subsidio ni un viaje al exterior. Ha jugado y seguirá jugando en cada elección en contra del Gobierno. Es muy crítico de la gestión de José Luis Gioja desde que el Gobernador empezó con el impulso a la minería. Participó de los foros para rechazar esa actividad y es uno de los que sostiene que la minería le sacó agua a la vitivinicultura, lo que en la práctica es falso: ya se ha escrito en sobradas ocasiones en éstas columnas, que la utilización del agua por parte de toda la actividad minera sanjuanina, no pasa el 1% del total. Hace poco tiempo José Luis Gioja llamó a Juan José Ramos y ambos tuvieron una charla en Casa de Gobierno, de la que el productor salió muy contento. Incluso declaró en distintos medios que el Gobierno estaba haciendo muy bien las cosas para solucionar los problemas de los productores. Muy poco tiempo después, hace unos 15 días para ser más precisos, volcó su mensaje. En el corte de ruta de esta semana, por ejemplo, algunos productores le hicieron saber de ese inesperado giro: cuentan que Ramos propuso no cortar la ruta, si no, hacer una protesta al costado de la misma, y fueron los productores los que le reclamaron interrumpir el tránsito totalmente. Ramos, para no quedar afuera de semejante reacción, acompañó. Es un síntoma. Y por el lado del Gobierno, que está arrancando un año de elecciones, también hay errores: Marcelo Alós, el ministro de la Producción, se ha ocupado del tema, hay que decirlo, pero ha fallado indudablemente en algunas definiciones políticas. Incluso se lo hicieron saber el viernes en una reunión en Caucete: según elaboradores de ese departamento y otras fuentes calificadas, casi termina a las trompadas con productores cauceteros. Hacía mucho que no se vivían esos momentos. Se ve que Alós quiere cumplir con sacar el problema adelante, pero o el problema es tan importante que no tiene solución, o le falta muñeca política, una de dos. De mínima, está actuando algo tarde, ya que esta situación se veía venir desde el año pasado, mínimo. El otro actor, ausente por cuestiones obvias, es Gioja, quién envió un claro mensaje el viernes en su primera aparición pública tras la operación del 17 de enero: "Ni una sola uva va a quedar en el parral", dijo. También dejó claro que la vitivinicultura es el problema que más le preocupa y se mostró comprometido en arreglarlo al decir que iba a ser el primer tema a tratar cuando vuelva a la gestión, se estima, mañana lunes. En el Justicialismo saben que es un drama que los tiene de rehenes, porque no hallan la salida, porque la salida no está en San Juan. Y saben también que es un sector que viene postergado. Incluso algunos peronistas, no muy fuerte, admiten que pudieron haber tomado con mayor seriedad el drama y mucho antes. Y el tercer actor es el vicegobernador Segio Uñac, a cargo del Ejecutivo por algunos días. Tiene una ascendencia importante en el sector por haber sido intendente de Pocito dos veces seguidas, pero se ha cuidado de no opinar del tema públicamente, su gente dice que conoce el problema y que tiene opinión formada, aunque no se sabe si va en sintonía con lo hecho por el resto del Gobierno.

Gioja saldrá mañana a reunir a sus funcionarios para hallar alguna salida. Dicen que una de las medidas que se vienen es fijar un precio de referencia para la uva destinada a mosto, y con esos empresarios están negociando. Hay que ver si los mosteros están dispuestos a revelar sus números y hasta donde el Gobierno quiere poner plata para levantar el bajo precio que, de seguro, ofrecerán en una primera instancia los mosteros. No se ha escapado aún el precio que el Gobierno quiere colocar esa uva, pero ni de casualidad serán los $3,80 que reclaman los productores. Por supuesto eso va a ocurrir si es que logran levantar la cosecha, que aún sigue en veremos. Como se verá, hay reclamos que son verdaderos, hay funcionarios que no han podido hacer su trabajo y, también, hay opositores embarrando la cancha. Ojalá que todos puedan separar las apetencias electorales de semejante problema.