María Elena Marinero (50) confiesa que jamás pensó que un día viviría una situación de tal desamparo e incertidumbre. Si bien cuenta que toda su vida tuvo que alquilar, siempre tuvo un techo para cobijar a su familia. Sin embargo, desde hace casi dos semanas que ella, su marido y uno de sus dos hijos viven en un baldío y al refugio de dos pimientos. Es que, según contó la mujer, la dueña de la casa que alquilaba los desalojó y no tuvieron más remedio que irse a ese baldío de calle Reconquista casi Belgrano, en Rivadavia.
De acuerdo a María Elena, hace unos días fueron a pasear a lo de un familiar y cuando volvieron, se encontraron con que todos sus muebles estaban en la calle. ‘La dueña dice que le debo pero ya le había pagado enero. Hice la denuncia a la Policía y tengo una causa en la Justicia, pero esos tiempos no son los míos. Necesito urgente un lugar dónde vivir’, contó la mujer, al borde de las lágrimas.
Bajo uno de los pimientos, Elena, su marido Francisco Pérez (62) y uno de sus hijos colocaron los muebles, tapados con un nylon, mientras que bajo el otro pimiento armaron una tapera con palos, plásticos y colchas, donde duermen. ‘Mi hija me manda la comida, algunos vecinos nos pasan agua y para nuestras necesidades nos escondemos en algún rincón’, dijo la mujer, quien agregó que no pueden mudarse a la casa de su hija porque no tiene lugar.
Elena es empleada del Hospital Mental de Zonda, mientras que su marido hace changas. ‘Él sufre cáncer de piel y acá estamos bajo el Sol y en la tierra. Siento que su enfermedad se va a agravar si seguimos viviendo así. Además, mi hijo está deprimido y me dice que quiere matarse’, apuntó.
Según contó Elena, personal municipal los visitó y también fue a pedir asistencia al Ministerio de Desarrollo Humano, pero lo único que recibió fueron unos nylons y una oferta de préstamo de una vivienda. ‘Pero era muy lejos para nosotros y no la aceptamos. Yo puedo pagar una casa del IPV o puedo pagar alquiler, el tema es que no lo consigo’, confesó angustiada.