Cuando mucho se dice de los adolescentes, su propia voz puede ayudar a entender la situación actual. Una joven que egresa de la secundaria cuenta lo que ve, llamémosla en esta nota Ariadna, representa el sentir de muchos de su edad cuyo pensamiento no se expresa, oculto en una fantasía instalada por una maquinaria comercial, que detrás de los medios de comunicación explota la fuerza y las ilusiones juveniles. Piensa desde adentro lo que pasa, interpretamos lo que dice: "pase a tal hora por tal lugar, va a ver chicas abrazadas ayudándose mutuamente para avanzar hasta poder llegar a la casa, entonces va a agradecer no ser adolescente en esta época”; la edad puede ser inferior a la permitida por la ley para ingresar a los bailables. Para Ariadna muchos adultos pueden creer que este relato es lo que puede pensar un adulto que no sabe, no sale, o quiere mostrar lo malo de la juventud actual; pero también hay cosas muy buenas en esa juventud, aunque se hace más notorio el mal comportamiento.

Una adolescente ve a sus compañeros como víctimas epocales, es responsabilidad de la generación adulta analizar cuales son y por qué se llegó a las características de la época, que victimizan la juventud en la etapa en que deben formarse para el futuro; el drama se extiende si se piensa que esa juventud mañana deberá formar la nueva generación, desde su falta de formación.

Hoy un tema de análisis es el estrés adolescente, en parte puede explicarse por la falta de principios que den sentido a lo que hacen, parte de la sociedad parece haberlos perdido o no valorarlos lo suficiente; también por la dificultad de comunicación con los mayores que ellos miran buscando modelo de identificación, agravada por el ritmo acelerado, la sobre estimulación mediática, la permanencia fuera del hogar de padres e hijos, por el trabajo o por la distracción juvenil. Sin principios no hay a qué responder de lo que se hace. Sin un ideal que guíe la vida, ésta se gasta en entretenimientos o en evasiones de la realidad, por medio del alcohol, el ruido que no deje pensar; que no deje hablar tal vez no se note porque no hay qué decir, el vacío de pensamiento es también vacío de lenguaje. Se ven arrojados a vivir "como joven”, sin entender qué significa eso, se lo entiende como vivir sin problemas ni preocupaciones, pero los tienen. Los conflictos emocionales por la separación de los padres es un tema preocupante, la familia donde debieran encontrar seguridad emocional se hace inestable; crecen en ese ambiente cuya inseguridad pueden trasladar a su futuro, y pensar que les puede pasar lo mismo como si se tratara de cierto fatalismo del que tal vez no puedan escapar. Se instala un modo de ver la vida con poca previsibilidad del futuro. Cuando hay separación conyugal no ven en su familia un compromiso definitivo en el matrimonio, eso sumado a la superficialidad que ven en los medios; la falta de compromiso genera inseguridad. A eso se suma la falta de intereses, a veces reducidos a seguir una moda. En ese ambiente puede entenderse la violencia juvenil, un tema ya instalado es las peleas a la salida del colegio, ahora entre chicas en grupos o contra una a la que excluyen por algún motivo.

Si en la misma adolescencia puede escucharse la voz que juzga ese estado de cosas, por qué no escucharla en las instancias que deben educar, ayudar a forjar ideales nobles, a ver un futuro previsible que de sentido a lo que se hace ahora. La familia y la escuela influyen en la formación de la personalidad, entonces hay que tener presente que lo que se dice y hace puede ser asimilado por el joven.