Silbidos, abucheos y una salida en soledad: la durísima tarde de Julián Álvarez en el Atlético

El argentino fue silbado antes y durante el partido ante Villarreal. Tras el 2-2 se retiró solo al vestuario por decisión del club para evitar más incidentes.

Julián Álvarez vivió una de las tardes más difíciles desde que llegó al Atlético de Madrid. El delantero argentino regresó este domingo al estadio Metropolitano en medio del conflicto por su futuro y recibió una contundente respuesta de una parte importante de la hinchada: hubo silbidos cuando apareció su imagen antes del partido, nuevos abucheos durante el calentamiento, otra fuerte reprobación cuando ingresó desde el banco y una última escena que terminó recorriendo las redes sociales, con el futbolista caminando en soledad hacia el vestuario.

Todo ocurrió durante el empate 2-2 entre Atlético de Madrid y Villarreal por la segunda fecha de LaLiga. Álvarez comenzó como suplente y volvió a sumar minutos oficiales después de un verano europeo atravesado por su intención pública de dejar la institución, con Barcelona señalado como su destino preferido, y por la firme negativa del club madrileño a negociarlo.

La tensión podía percibirse incluso antes de que rodara la pelota. Cuando el estadio comenzó a presentar a los jugadores y apareció el nombre del argentino, los aplausos que habían acompañado a otros futbolistas se transformaron en una fuerte silbatina. Las cámaras de televisión enfocaron inmediatamente a Julián sentado en el banco, serio y prácticamente sin reaccionar ante el rechazo.

Lo silbaron al entrar y cada vez que tocó la pelota

El clima no se modificó con el desarrollo del encuentro. Diego Simeone mandó al argentino a realizar movimientos precompetitivos durante el segundo tiempo y desde las tribunas volvió a escucharse el rechazo.

Álvarez finalmente ingresó a los 66 minutos, poco después de que Villarreal empatara el partido. Al momento de pisar el césped, la silbatina volvió a crecer y desde algunos sectores se escucharon incluso gritos de “fuera”. Reuters describió que los abucheos continuaron posteriormente cuando el delantero intervenía en el juego.

En lo futbolístico, el encuentro también tuvo un desarrollo cargado de tensión. Marc Pubill puso en ventaja al Atlético, Gerard Moreno igualó de penal y Villarreal consiguió dar vuelta el marcador después de otra pena máxima, que terminó además con la expulsión de Robin Le Normand. Con diez jugadores, el conjunto del Cholo alcanzó el 2-2 gracias a Giuliano Simeone, quien apareció sobre el cierre para rescatar un punto.

Pero el resultado terminó quedando en segundo plano por todo lo que ocurrió alrededor de Álvarez.

Tras el pitazo final, los jugadores del Atlético se reunieron para acercarse a las tribunas y agradecer el apoyo. Julián, en cambio, se apartó y caminó solo hacia el túnel de vestuarios, mientras sus compañeros permanecían en el campo. La imagen, con el argentino alejándose del resto del plantel, rápidamente generó interrogantes sobre si había decidido evitar por cuenta propia el saludo a los hinchas.

Sin embargo, posteriormente apareció una aclaración clave: no habría sido una determinación del futbolista. Cadena SER informó que fue el propio Atlético de Madrid el que le indicó que se retirara directamente para evitar un nuevo momento de tensión cuando el plantel se aproximara al sector de los aficionados. Simeone confirmó luego esa versión en conferencia de prensa.

“El club decidió que él no se acerque”, explicó el entrenador, quien intentó cerrar el asunto remarcando que el Atlético necesita mantenerse unido y contar con sus mejores delanteros para competir. Cuando las preguntas sobre el argentino continuaron, Simeone mostró su fastidio y pidió concentrarse también en lo sucedido durante el partido.

Por qué los hinchas del Atlético están enfrentados con Julián

El conflicto se remonta al mercado de pases y tuvo un punto de quiebre durante el Mundial. Álvarez reconoció públicamente que ya había hablado con la dirigencia sobre una posible salida y sostuvo que consideraba que una transferencia era lo mejor para todas las partes para poder “cumplir su sueño”. Barcelona apareció desde entonces como el destino que más interesaba al delantero.

El Atlético tomó la postura contraria. La dirigencia dejó en claro que pretendía retenerlo y la negociación no avanzó. El delantero tiene contrato hasta 2030 y continúa siendo considerado una de las principales figuras del proyecto deportivo de Simeone.

Con el paso de las semanas, la relación con un sector de los hinchas se fue deteriorando. Antes de este encuentro ya habían aparecido en la Ciudad Deportiva de Majadahonda pancartas con mensajes como “Julián fuera” y su dorsal 19 tachado, una señal del clima que finalmente terminó trasladándose al Metropolitano.

Las pancartas contra Julián Álvarez aparecieron en los alrededores de las instalaciones del Atlético de Madrid, con mensajes que pedían su salida del club y cuestionaban su continuidad.

Las pancartas contra Julián Álvarez aparecieron en los alrededores de las instalaciones del Atlético de Madrid, con mensajes que pedían su salida del club y cuestionaban su continuidad.

La escena del domingo fue la demostración más clara hasta ahora. No se trató de una reacción aislada: los silbidos aparecieron en la presentación, durante el calentamiento, cuando entró al terreno y nuevamente al finalizar el encuentro. Incluso Reuters registró cánticos desde un sector de la tribuna reclamando directamente su salida del club.

Dentro del vestuario, sin embargo, aparecieron mensajes de respaldo. El capitán Jan Oblak pidió mantener la unidad y aseguró que mientras Álvarez siga formando parte del equipo contará con el apoyo de sus compañeros. Giuliano Simeone también salió a respaldarlo públicamente y sostuvo que el plantel permanecerá junto al argentino dentro de la cancha.

La incógnita ahora pasa por su futuro inmediato. Con el cierre del mercado cada vez más cerca, Atlético sostiene su decisión de conservarlo, mientras el delantero ya expresó su voluntad de cambiar de club. Si finalmente permanece en Madrid, el desafío no será únicamente deportivo: también deberá recomponer una relación con la hinchada que este domingo mostró públicamente su punto de mayor tensión.

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