En masa llegaron los policías hasta la heladera vieja donde apareció el cadáver de Ariel Tapia (12 años, abajo, derecha), contaminando la escena del crimen. La mamá del chico,

 

 

Se sabe que desapareció el sábado 1 de diciembre de 2012, sobre las 20; según su hermano, a esa hora le avisó que salía a jugar. Se sabe que luego de buscarlo por todos lados, lo hallaron al lado de su casa, a unos 60 metros en un predio baldío con escombros y basura, dentro de una vieja heladera. Que le dieron un golpe en el mentón y que ese golpe lo noqueó, literalmente. Que lo metieron aún vivo en una heladera y que ese aparato, a pesar de ser viejo, igual conservaba el hermetismo en las juntas y eso le quitó el aire. Lo que no se sabe es quién mató a Ariel Tapia, el nene de 12 años que murió asfixiado en esa heladera.

 

Alejandra Silva pide ayuda para que, por lo menos, el caso no se olvide.

 

Hoy, a 5 años de esa muerte violenta que estremeció a los sanjuaninos, el crimen de Ariel sigue impune. "Están a la espera de que aparezca alguien de milagro y diga algo porque no investigan. Ya ni voy a preguntarle al juez (Alberto Benito Ortiz) si tiene alguna novedad porque siempre me dice lo mismo, me da mucha bronca y mucha impotencia", dijo ayer Alejandra Silva, la mamá del niño asesinado.

Aún hoy la mujer no puede creer que ninguno de sus vecinos haya visto nada. "Ese día era sábado y hacía calor. Había un cumpleaños de 15 y otro cumpleaños más frente a donde estaba la heladera. También había un velorio, me parece muy raro que nadie haya visto nada. La única que queda es que lo hayan metido por el frente de la metalúrgica (dueña del predio donde estaba la heladera) si no, no se explica", dijo Silva.

 

 

La mujer, su pareja y su hijo, igual que un vecino, estuvieron presos por el caso porque en la Policía sospechaban (y sospechan) que algo tuvieron que ver con el trágico fin del chico, pero las pruebas no respaldaron esa suposición y debieron ser liberados.

Más tarde apareció un testigo que dijo haber escuchado de un joven una supuesta confesión sobre su autoría en el crimen, pero algunas contradicciones, la falta de evidencia para respaldar ese dato y la teoría de que fuera una mera versión para cobrar la recompensa de $300.000 ofrecida por el Gobierno, hicieron caer la hipótesis.

Por lo bajo, los pesquisas judiciales siempre se quejaron de que los propios policías se metieran en masa a la escena del crimen, contaminándola.