Él, de 44 años, había querido todo clandestino. Ella, jubilada de 65, había salido de dos años de convivencia con otra pareja y estaba decidida a otra oportunidad en su vida sentimental. Por eso, quizá, toleraba el tono secreto que él le imponía a la relación. Muestras sobraban: de entrada le dijo que se llamaba "Osvaldo" (44 años, en realidad su nombre es Jorge Carlos Barahona Zalazar), como era obvio le ocultó que tenía pareja y para no hacerse notar, apagaba la luz que da a la calle cuando por las noches llegaba a la casa de ella en la Villa Ramos, Chimbas.

Víctima. Hilda Tobares tenía 65 años, estaba jubilada y vivía en la Villa Ramos,
en Chimbas.

Otra: un nieto de la mujer sabía que siempre le preguntaba si estaba sola para ir a verla. Se conocieron por lo menos en junio del año pasado y todo terminó de una manera trágica y sangrienta seis meses después, alrededor de la 1,20 del 18 de diciembre. No se sabe qué llevó a ese antiguo empleado de una conocida pizzería a perder el control y terminar con la vida de Hilda Tobares aquella madrugada. En total, le clavó 12 veces un cuchillo que encontraron en la mano izquierda de ella. Quedó tendida boca arriba en su cama, vestida sólo con una bata.

La resolución del juez imputándole un homicidio agravado a Barahona no está firme, pues la defensa apeló.

Del crimen se supo casi enseguida. A la 1,20, una vecina que había salido a tender ropa como parte de sus últimos quehaceres antes de irse a dormir con su marido, cuando escuchó los gritos de Hilda. Enseguida ambos salieron, fueron a su casa y se toparon con una escena que no hubieran querido.

No fue tan complicado llegar hasta Barahona, porque a pesar de su sigilo, había dejado numerosas pistas. Una la aportó una ahijada de Hilda, porque en una ocasión fueron a la pizzería de "Osvaldo" y ella le comentó que "conversaba con un chico que trabaja acá, en los hornos". Un vecino, habitué de su vereda en la Villa Ramos, detalló que había visto el auto del sujeto y también que él usaba lentes recetados. Varios reconocieron el auto. Y una amiga confidente de Hilda, colaboró con otros datos que llevaron a concluir que ese sujeto, no podía ser otro que Barahona.

Por orden del juez Guillermo Adárvez, los policías de Homicidios lo apresaron el mismo día del crimen en su lugar de trabajo. Y enseguida hallaron en su auto, un Fiat Mobi, dos pruebas fundamentales: sus anteojos recetados y un papel con un correo electrónico a nombre de Hilda Tobares y su contraseña.

Nada dijo Barahona cuando le tocó defenderse. Y ahora está muy complicado porque el juez lo procesó con prisión preventiva por un homicidio que se agravó precisamente por lo que siempre quiso ocultar: su relación de pareja con la víctima.