Lo que empezó como un reclamo por un presunto abuso sexual derivó en una batalla campal en el Lote Hogar 33, en Pocito. Entre acusaciones cruzadas de incendio intencional y golpes de gravedad, el saldo fue un joven con fractura de cráneo. El detalle insólito: el acusado por el que pedían justicia ya estaba tras las rejas.

La violencia tiene una inercia difícil de frenar. Cerca de las diez de la noche de este martes, el silencio del Lote Hogar se quebró por el ruido de una turba que llegaba con un solo objetivo: “cobrar” una deuda de justicia por el presunto abuso de dos niñas.

Sin embargo, el operativo civil —integrado por parientes de las víctimas provenientes de los barrios Valle Grande y La Estación— ignoraba un dato clave que ya figuraba en los expedientes de la UFI ANIVI es que el sospechoso, un tío político de las menores, ya estaba detenido.

La tensión escaló frente a la casa de los padres del acusado. Lo que siguió fue un guion de terror y confusión. En el centro de la escena, un bidón de nafta se convirtió en el símbolo de la disputa. Mientras los dueños de casa denunciaban que los agresores pretendían quemar la vivienda, los reclamantes aseguraban que la familia del sospechoso intentó usarlos como antorchas humanas. El patio de la propiedad terminó rociado de combustible, marcando el límite de lo que pudo ser una masacre.

La gresca, que incluyó piñas, patadas y palazos, fue breve pero de una ferocidad inaudita. Para cuando los efectivos de la Comisaría 6ta arribaron al lugar, a las 22:10, la batalla se había disuelto en la oscuridad del barrio, dejando tras de sí solo heridos y el rastro del combustible.

El saldo médico fue el espejo de la violencia:

  • Un joven de 27 años resultó internado en el Hospital Rawson con traumatismo y fractura de cráneo.
  • Su hermano de 23 años con heridas graves en la cabeza.
  • Una hermana de ambos tuvo lesiones leves al intentar mediar en la lluvia de golpes.

Una paradoja de sangre

Resulta escalofriante el lazo que une a los protagonistas: la esposa del detenido es pariente  de las víctimas y de quienes fueron a atacar la vivienda. La violencia terminó enfrentando a una misma familia desmembrada por el horror de la denuncia inicial.

Por ahora, la justicia corre por dos carriles. Mientras la UFI ANIVI mantiene al sospechoso original en el calabozo, la UFI Genérica intenta identificar a los responsables de las lesiones que dejaron a un joven al borde de la muerte. En el Lote Hogar 33, el bidón de nafta quedó secuestrado por la policía, como mudo testigo de una noche donde la búsqueda de justicia se transformó en un ajuste de cuentas ciego y sangriento.