-¿Si se observara el gobierno de los Kirchner a lo largo de la vida política del país, cómo cree que se los va a juzgar en unos 10 años más?
-Yo diría que fue uno de los últimos intentos por sostener la gobernabilidad de la Argentina en la hipertrofia del poder Ejecutivo. Tanto el ex presidente como la Presidenta actual, desplegaron al máximo los recursos sociales y político que le brindaron la vida para-constitucional en que la Argentina ha vivido desde hace mucho tiempo. Han hecho mucho para que la suficiencia del poder Ejecutivo pudiese terminar una tarea empezada por la dictadura militar, que fue el descrédito de la vida política, entendida la vida política como ese escenario de consensos indispensables que mediante políticas de mediano y largo plazo permiten definir la orientación de un país. Han sido erráticos. Yo diría que Kirchner inicia su gestión impulsado por la necesidad de generar una transversalidad que le dé consenso y fuerza, que muy pronto advierte que esa transversalidad no le va a resultar accesible y entonces se orienta hacia un gobierno de raíces fuertemente conservadoras con apoyo en el sindicalismo, en el moyanismo, y por lo tanto en un peronismo de corte fuertemente corporativo. Aun así creo que tuvo iniciativas que vamos a valorar en el tiempo, como por ejemplo la transformación de la Suprema Corte de Justicia, que con sus vacilaciones está demostrando una relativa autonomía de criterio que con el tiempo vamos a valorar, a medida que se afiancen las instituciones de la república; creo que supo señalarle al terrorismo de Estado la magnitud de la violencia que desplegó en el país, pero lo hizo con una ineptitud intencional para negar el papel y la contribución que al desastre constitucional de la Argentina aportaron la guerrilla y los defensores de la violencia como recurso de transformación política, desde la vertiente opuesta a la del militarismo. Todo esto, en forma muy sucinta, se vio complementado con una política fuertemente populista, prebendaria; Kirchner descubrió la rentabilidad de la pobreza, en orden político, y supo explotarla muy bien. Pero su gran contribución, desde el punto de vista del debilitamiento de las instituciones, es haberse valido de la Constitución para tergiversar la convivencia. En cuanto a ella, inicia su gestión con un proyecto también de transversalidad aparente, invita al afianzamiento de las instituciones, induce a pensar que la profundización del cambio va a estar signada por el afianzamiento de las instituciones republicanas; crea un ministerio de Ciencia y Tecnología que hace pensar en la posibilidad de que las preocupaciones por la inscripción en la sociedad del conocimiento va a ser prioritaria, y coloca al frente del ministerio de Educación a un hombre de la idoneidad de Juan Carlos Tedesco que lleva a pensar que ahí se está articulando un proyecto de transformación de mediano y largo plazo que irá dejando atrás las arbitrariedades y unilateralidades y monólogos de gobiernos anteriores. No fue así sin embargo. Pronto abandonó ese proyecto y profundizó sí la línea impulsada por su esposo que siguió ejerciendo el poder fundamental de la república, a través de su persona, con lo cual seguíamos entonces inscripto en el campo de la para-constitucionalidad de la que yo hablaba antes. Ningún gobierno es absolutamente malo, ni absolutamente bueno. Este gobierno ha hecho algunas cosas positivas, como señalaba antes, y también las ha hecho el de ella. Creo que haber impulsado la ley de asistencia familiar para los niños es algo muy positivo. Pero son pocas las cosas de estructura que el gobierno logró aportar a la transformación y modernización del país. El populismo es un recurso senil para el afianzamiento de una democracia progresista. El verdadero progresismo no está en el gobierno, sino fuera de él, y representado por fuerzas en construcción, como puede ser el socialismo de Binner, el radicalismo de Ricardo Alfonsín.
-¿Cómo cree que ha jugado la oposición en todo este tiempo de los Kirchner, donde también fueron responsables del gobierno desde el lugar que la habían puesto?
-La tragedia de la Argentina, como país capaz de transitar de sus estructuras caudillescas al reconocimiento de las instituciones republicanas, tiene a los partidos políticos como los grandes responsables. De hecho, ellos mismos se inmolaron en la destrucción que contribuyeron a crear: el radicalismo a principios de siglo perdió toda representatividad pública y el peronismo se fragmentó, creo yo, de una manera irrecuperable. Los partidos políticos fueron subestimados por el proceso militar, con una lógica comprensible: ellos advirtieron que quitarle representatividad a los partidos políticos equivalía a quitarle esperanza a la sensibilidad cívica de la sociedad. Pero los propios partidos contribuyeron con su miopía a su propia destrucción y ha generar las condiciones propicias para que después de la anemia representada por el poder Ejecutivo, liderado por De la Rúa, irrumpiera una figura de corte fuertemente autosuficiente, que concentrara en su mano la suma del poder público, como fue Kirchner, quien después de haber gobernado con mano de hierro durante 16 años la provincia de Santa Cruz, intentó trasladar esos criterios al resto de la república. Pero como en toda buena tragedia, sea esta de Sófocles o de Eurípides, no hay inocentes en la Argentina. Hay responsables de toda índole y de toda laya. Presumir que los problemas de la Argentina se modificarían por la sola ausencia de los Kirchner en un gobierno futuro, es desconocer la magnitud de la crisis de la vida parlamentaria Argentina, de los partidos políticos, de la educación y del papel que en el país tiene jugar, sobre cualquier otra cosa, la Constitución.
-Hace poco usted escribió sobra la importancia de la calidad democrática a la que puede aportar el Parlamento y que ese gran cambio estaba en estos meses que vienen, con las elecciones próximas y la importancia de este año, cómo debería darse ese cambio? ¿Qué aporte debe hacer el Parlamento?
-Primeramente creo yo que el Parlamento debe limitar las desmesuras en las que ha incurrido el poder Ejecutivo. Reconfigurar su función: el tema de los superpoderes, los vicios que afectan al Consejo de la Magistratura, la pérdida de credibilidad del Indec, la presunción de que la vida económica puede ser manejada con un criterio donde el Estado aparece como un socio inversor o como un socio más dentro de la especulación económica, todo esto debe ser revertido. Es necesario que el poder Ejecutivo, y particularmente el Estado, recuperen una función mediadora. Después es fundamental que los partidos políticos tengan plataformas programáticas que permitan que la gente identifique lo que hacen con un proyecto de país, y no con el perfil de un candidato. Hoy en día el escenario fundamental de la política es la televisión y no el Parlamento. Eso habla muy, muy reveladoramente de la pobreza de recursos conceptuales de nuestra dirigencia. Pensar en la Argentina es una actividad infrecuente. Y necesitamos liderazgos donde el pensamiento esté vivo y la capacidad preposicional no descanse sobre el sexapeal de nadie. La Argentina necesita estas transformaciones, en el orden educativo, fundamentalmente. Pero el carácter inconcluso de nuestra transición a la democracia desde el autoritarismo, no se van a poder revertir en poco tiempo. Lo que nosotros tenemos que tratar es que se sostengan las políticas orientadas hacia la transformación indispensable durante 20 años. Mucha gente dice "yo no lo voy a ver". La pregunta que cabe hacerse es por qué tendría que verlo uno. Quiénes son para tener que verlos. El general Belgrano no emprendió lo que emprendió porque tenía la ilusión de que iba a ver lo que quería. Ni San Martín tampoco. Los grandes proyectos se empiezan a llevar adelante con una sola ilusión fundamental: tener en quién delegar en términos generacionales la responsabilidad de seguir sosteniéndolos y ampliándolos. Hoy necesitamos una nueva generación con capacidad de trabajo, que esté dispuesta a llevar adelante, lo que no puede ser concluido en un plazo corto de tiempo.
-¿Esa nueva generación no vislumbra. Qué alternativa hay a los Kirchner, o al PJ disidente, o a los radicales que hay hoy en día, que son la misma gente que hace 10 años vienen manejando el país?
-Yo veo matices en el panorama que usted pinta. Creo que la irrupción en el escenario político y parlamentario de figuras como Esteban Bullrich, como Adrián Pérez, son indicios de la aparición de una generación joven. Incluso, entre los parlamentarios que provienen del campo, muchos de ellos son jóvenes. También veo gente joven en el partido Socialista. Un hombre como Gustiniani, no será un niño, pero es un hombre joven todavía, y me parece que figuras como las de Fernando Iglesias, en la Coalición Cívica, habla de una presencia y de una vitalidad juvenil muy dignas de ser tenidas en cuenta.
-¿Y en el gobierno usted ve figuras jóvenes?
-Sí, en el gobierno veo figuras jóvenes interesantes, veo a Daniel Filmus, que es un hombre joven, valiosísimo, con el que no tengo yo coincidencia en el orden político, pero que me parece un hombre muy valioso. Veo también otras figuras entre las juventudes que respaldan al gobierno desde los medios de comunicación, desde Carta Abierta, son jóvenes valiosos. Todos ellos representan una rotación importante en el protagonismo político.
-Puntualmente, yo le digo el apellido y usted me dice qué opinión le merecen?:
Lula:
_Es una figura interesante, pero que ante todo me hace pensar en la solidez de las instituciones brasileñas.
-Mujica:
-Tal vez la más sorprendente de las figuras políticas de sudamérica.
-¿Lo descubrimos un poco tarde, no?
-El descubrió un poco tarde el camino de la democracia, pero se está desempeñando de una manera brillante. Y creo que de una manera muy fructífera para la futura convivencia entre Argentina y Uruguay.
-Piñera:
-Una figura interesantísima. Creo que sólo la solidez de una democracia como la chilena puede aportar un hombre de centro derecha que sea capaz de responder a las expectativas sociales de la mayoría del pueblo chileno en este momento.
-Evo Morales:
-Bueno, también, una figura muy interesante. Personalmente tengo muchas reservas respecto de su política global, pero expresa muy bien una reivindicación indigenista que es legítima y que hace mucho tiempo ha sido avasallada y aplastada por la desconsideración política de las dirigencias bolivianas.
-Lo voy a llevar un poco al mundo de la cultura. ¿A qué autor argentino lee actualmente?
-En este momento digamos que estoy repasando un libro muy importante de Natalio Botana, sobre la era conservadora en el país. Un libro que me resulta periódicamente indispensable reconsiderar porque creo que allí se encuentran muchos de los dilemas en ciernes que enfrentó el país después, en el orden político. Estoy leyéndolo a Rafael Felipe Oteriño, posiblemente uno de nuestros más notable poetas debidamente desconocido, como suele ocurrir con los grandes poetas argentinos. Y por supuesto estoy repasando la obra de Jorge Luis Borges, porque con dos colegas músicos, Marcelo Moguilevsky y César Lerner, hacemos un espectáculo dedicado a su obra de poesía y música.
-¿Cuáles cree que son los referentes culturales populares hoy en día en el país?
-Se ha dado una irrupción muy interesante de los intelectuales en los medios de comunicación. Tanto en la radio, como en la televisión y en la prensa escrita. Muchas veces la gente suele decirnos a los intelectuales por qué aparecemos tan poco. Nuestro lugar de aparición son los libros, lo que pasa es que la gente lee muy poco. Yo nombraría entre las figuras que tienen una presencia que suele despertar un interés muy considerable a figuras como Beatriz Sarlo, Alvaro Abosh, sin duda alguna Jorge Fernández Día, hasta hace poco tiempo, Tomás Eloy Martínez, Ricardo Forster, Verbitsky en el periodismo oficialista. Y después figuras que han alcanzado un nivel de atracción para el público notable, como Carlos Pañe o Joaquín Morales Solá, en La Nación, o también Van der Kooy, en el Clarín, José Pablo Feiman, también.
-¿Cree que están dadas las condiciones hoy en día para que emerjan nuevos referentes culturales?
-Sí, cada vez más.
-¿Por qué cree que se da eso?
-Porque ha crecido la conciencia de la responsabilidad cívica de los intelectuales, después de la gran crisis generada en la izquierda, por la desaparición del mundo comunista y en la centro-derecha, por la desaparición de los partidos tradicionalmente representativos de ese sector.
-¿Qué rol ve que estamos jugando hoy en día los periodistas, sobre todo en este entrenamiento tan tenso entre algunos diarios nacionales con el gobierno?
-Yo debo manifestar mi admiración por muchos periodistas a los que no vacilaría en reconocer como figuras centrales, en este momento, de reflexión en la Argentina. En primerísimo término quiero ponerlo a Nélson Castro en la televisión. Y junto a él a Alfredo Leuco, a Pepe Eliaschev. También me interesa el periodismo de la radio, Magdalena Ruiz Guiñazú sigue haciendo un aporte interesante. Veo en la Argentina un formidable panorama de protagonismo cultural. Es verdad que con desigualdades y asimetrías muy profundas, entre el país propiamente dicho, que está integrado por las provincias, y Buenos Aires como Capital Federal.
-Lo llevo al tema social. Usted ha criticado la crispación social que hay actualmente debido a las políticas implementadas por el Gobierno nacional. ¿Cómo fomentar esos debates escuchando a todos y que lleguen a concretarse?
-Creo que desde el momento que el Parlamento alcanzó a modificar su composición en favor de la oposición la necesidad del debate empezó a ser más evidente. El riesgo es que la oposición proceda con el oficialismo de manera similar a la que el oficialismo empleó durante tantos años con ellos. Pero las plataformas programáticas de los partidos son los que fundamentalmente corresponde debatir entre las distintas fuerzas que forme coaliciones. En este momento el porvenir de los partidos políticos pasa mucho más por las coaliciones de fuerzas que por la representación excluyente de algunos de ellos. Los radicales, si quieren ser representativos, van a tener que recurrir a la Coalición Cívica, al GEN y al partido Socialista. El Peronismo Federal necesitará alianzas importantes con partidos provinciales y con el PRO de la Capital, a mi entender. Y el Peronismo oficial representado por el Frente para la Victoria, no puede llevar este tipo de proyectos de integración y de interdependencia porque, justamente, está aislado en una política de autosuficiencia, que descansa sobre factores de poder, como el sindicalismo o ciertos sectores del empresariado. Pero que no cuenta con aptitud para el diálogo. Y esto, creo, va a afectarlo profundamente en las próximas elecciones.
-¿Cómo cree que se han encarado los distintos debates sociales más polémicos que se han dado en estos últimos días, como la despenalización de las drogas, la unión civil entre personas del mismo sexo?
-Creo que deberían discutirse profundamente. La magnitud social que han alcanzado, la repercusión que han tenido, exige un debate. Es preciso llevar adelante un debate profundo sobre la pedofilia, no sólo como un mal que afecta a la Iglesia Católica, sino como un recurso comercial impulsado desde hace mucho tiempo, incluso afuera de la iglesia. El tráfico de niños con finalidad sexual es un fenómeno que rebasa a la Iglesia. Es muy importante debatir la extraordinaria difusión del tema del tráfico de drogas en la Argentina; el consumo del paco; es imperioso que discutamos el llamado derecho al matrimonio gay. Los fenómenos piden debate y las democracias se fortalecen con el debate. Lo importante es que esto se haga en el marco en que la ley tenga un papel orientador para enmarcar la forma en que esto se discute.

