24 de agosto de 2026 - 14:16

Trapitos y limpiavidrios: el 67% de los lectores de Diario de Cuyo pidió más controles

La encuesta realizada por Diario de Cuyo reflejó una amplia mayoría a favor de retirar a los “trapitos” y limpiavidrios de las calles. El debate volvió a instalarse tras la denuncia pública del ciclista sanjuanino Mateo Kalejman sobre la insistencia de un limpiavidrios en Capital.

La presencia de “trapitos” y limpiavidrios en distintos puntos de San Juan volvió a quedar en el centro del debate. Una encuesta publicada por Diario de Cuyo mostró una postura contundente entre sus lectores: el 67% consideró que el Estado debería ejercer mayores controles y que estas personas “deben sacarlos de la calle”, mientras que el 33,1% sostuvo que se trata de una manera de ganarse la vida.

La consulta reunió 15.941 votos y expuso una diferencia marcada entre ambas posiciones. En concreto, 10.672 personas, equivalentes al 67%, se inclinaron por una mayor intervención estatal, mientras que 5.269 votantes, el 33,1%, defendieron la permanencia de esta actividad como una alternativa laboral para quienes la realizan.

El resultado se conoce pocos días después de que un episodio protagonizado por el reconocido ciclista sanjuanino Mateo Kalejman reavivara la discusión sobre el comportamiento de algunos limpiavidrios en las calles de la provincia. El deportista, integrante de la Selección Argentina, contó en sus redes sociales una situación que vivió en una esquina muy transitada de la Capital y cuestionó la insistencia de un trabajador que, según relató, no respetó su negativa a recibir el servicio.

El episodio ocurrió en Ignacio de la Roza y Urquiza, cuando un hombre se acercó a la camioneta de Kalejman para ofrecerle limpiar los vidrios. El ciclista explicó que rechazó el ofrecimiento porque acababa de sacar el vehículo del lavadero, pero aseguró que el hombre insistió.

Te limpio, te limpio”, habría repetido el limpiavidrios, según el relato del deportista. Kalejman contó que finalmente le manifestó que no quería que limpiara el vehículo, pero que, pese a eso, el hombre pasó rozando la camioneta con las manos.

¿Qué hizo el estúpido? Pasó rozando la camioneta con las manos. ¿Con qué necesidad? Te digo bien que no la limpies. Ya me lo han hecho muchas veces”, expresó el ciclista en el video que compartió en sus redes sociales.

El planteo de Kalejman generó repercusión porque puso sobre la mesa una situación que muchos automovilistas aseguran experimentar a diario: la presencia de personas que ofrecen limpiar parabrisas en semáforos y esquinas y que, en algunos casos, continúan con el servicio pese a que el conductor manifiesta que no lo desea.

A partir de ese episodio, la discusión rápidamente se trasladó a un interrogante más amplio: ¿qué debería hacer el Estado frente a la presencia de trapitos y limpiavidrios en las calles? La encuesta de Diario de Cuyo mostró que, entre quienes participaron, la mayoría considera que debería existir un mayor control.

Sin embargo, el porcentaje restante también representa una parte significativa de los lectores y plantea otra mirada sobre el fenómeno. Para el 33,1% de los votantes, la actividad constituye una forma de subsistencia y no debería ser eliminada de las calles. En ese caso, el debate se vincula con la necesidad de encontrar alternativas para quienes dependen de esos ingresos.

La discusión no se limita únicamente a la cuestión laboral. También aparecen reclamos vinculados con la convivencia urbana, la seguridad vial y la libertad de los conductores de aceptar o rechazar un servicio. Para quienes cuestionan la actividad, el problema surge cuando la oferta deja de ser voluntaria y se transforma en una insistencia que puede incomodar o generar temor en quienes están detenidos en un semáforo.

El resultado de la encuesta refleja así una percepción mayoritaria entre los lectores de Diario de Cuyo: dos de cada tres votantes consideran que debería existir una intervención más firme del Estado. Al mismo tiempo, uno de cada tres entiende que detrás de los “trapitos” y limpiavidrios existe una problemática social y laboral que no puede resolverse simplemente sacándolos de la calle.

El debate, que volvió a tomar fuerza después del episodio denunciado por Kalejman, deja planteada una pregunta que excede el caso puntual: cómo encontrar un equilibrio entre el derecho de las personas a ganarse la vida y el derecho de los automovilistas a transitar y decidir libremente si quieren o no recibir un servicio en la vía pública.

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