Las escenas de celos de su pareja siempre terminaban de la misma manera: ella brutalmente golpeada, con moretones y heridas cortantes, en la casa que compartían en Caucete. Carina, de 21 años y madre de dos chicos de 3 y 1 años, creía que estas golpizas formaban parte de la convivencia normal de toda pareja. Por esta creencia y por temor a ‘enojar más’ a su agresor, se negó a revelarse ante los cada vez más reiterados golpes. Pero todo cambió hace dos semanas cuando su pareja casi la mata delante de sus hijos. ‘Siempre creí que era normal que me pegue y aguanté hasta cuando casi me mató. Me hizo varios cortes en la espalda con un cuchillo y cuando caí al suelo me dio patadas en la cabeza y el cuerpo. Se cansó de pegarme y se fue. Como pude fui al hospital para que me curaran las heridas. Los médicos querían dejarme internada, pero me fui porque le tenía que dar de mamar a mi bebé’, dijo la joven.
Tras dos años de maltrato físico y psicológico, Carina asistió a uno de los talleres laborales que da el Área de la Mujer de Caucete. Allí se animó a decir que era una víctima de violencia de género y a denunciar a su pareja que, hasta hoy, la sigue amenazando de muerte.