Por estos momentos en que el vicepresidente Amado Boudou suma un nuevo episodio judicial, la presidenta Cristina Fernández evitó cualquier tipo de declaraciones públicas. Aunque la mandataria avaló movimientos de defensa del vice (la denuncia contra el ex Procurador General de la Nación Esteban Righi, entre ellas), nunca hizo una defensa pública del mismo, como sí lo hiciera, por ejemplo, por el viceministro de Economía, Axel Kicillof. ‘Es un secreto a voces que la Presidente ya no le tendría a Boudou la misma estima que en un principio’, observaban ayer desde el sitio digital www.urgente24.com. Según esa misma línea de razonamientos, ‘el hecho de sostenerlo no tendría que ver con la presunta certeza de la Presidente sobre la inocencia de Boudou, sino con algo más relacionado con un espíritu supervivencia. El cristinismo en general y Cristina Fernández en particular nunca aceptan errores. Y sobre la espalda de la Presidente pesa el hecho de que fue ella misma, sin consultar a nadie, quien puso a Boudou como su compañero de fórmula’. Según mediciones privadas difundidas por el diario Clarín, el 50 por ciento de los argentinos tiene una opinión negativa sobre Amado Boudou. A cinco meses de su asunción, apenas el 27 por ciento tiene una mirada positiva sobre el vice que accedió a ese lugar con todo el respaldo de una presidenta que venía de tener problemas con el antecesor de Boudou, Julio Cobos. Evaluador frío de la coyuntura política como su padre, Máximo Kirchner aplacó por ahora sus enconos personales con el vice, según publicaba el periódico porteño a fines de abril pasado. El hijo de la presidenta bajó la orden de “bancarlo a Amado” en su hora más difícil. Eso significa un cambio de postura clave, teniendo en cuenta que cuando se inició el caso se filtraba el dato que Máximo Kirchner habría sugerido la idea de que el vicepresidente se defendiera solo.
