Cuba fue expulsada de la OEA en 1962, durante la octava reunión de cancilleres celebrada en la ciudad uruguaya de Punta del Este. Bajo presión de EEUU, los países del continente aceptaron excluir al gobierno revolucionario, el cual -consideraron- no cumplía con los requisitos democráticos de la región. Lo que en realidad pesó en aquella decisión fue la relación de la Isla con los países del bloque comunista chino-soviético, considerados entonces “incompatibles” con el Sistema Interamericano. El 9 de noviembre de 1961, en uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría, Colombia solicitó una reunión de ministros de Exteriores de Latinoamérica para analizar “las amenazas a la paz y a la independencia política de los Estados” del continente. Colombia aludió a “la intervención de potencias extracontinentales, encaminadas a quebrantar la solidaridad americana”. La convocatoria se produjo en un momento de especial preocupación por la creciente injerencia del comunismo soviético y chino en Cuba, que se temía que pudiera extenderse por el continente. La reunión se celebró en Punta del Este (Uruguay) del 22 al 31 de enero de 1962, como órgano de consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). En la reunión, alegaron que las fuerzas comunistas querían implantarse en los países subdesarrollados y en América Latina, y como prueba citaron al Gobierno “marxista-leninista” de Cuba. Por ello, declararon que el Gobierno de Cuba, como consecuencia de sus actos reiterados, “se ha colocado voluntariamente fuera del Sistema Interamericano”. Pero hoy, es el gobierno de la isla a través de su líder histórico Fidel Castro, y de su presidente, Raúl Castro, el que no demuestra interés en apurar un regreso a la OEA. El ex presidente cubano advirtió ayer en un nuevo escrito publicado en su país que la isla “no es enemiga de la paz, ni reacia al intercambio o la cooperación entre países de diferentes sistemas políticos, pero ha sido y será intransigente en la defensa de sus principios”.
