Por Pablo Rojas
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A las 23:46 del lunes 18 de enero de 2021 una generación entera de sanjuaninos vivió por primera vez la sorpresiva y terrorífica sensación que sus mayores les venían relatando en sus historias desde hacía más de 70 años. Afortunadamente no tan destructivo como los anteriores terremotos de 1977, 1952 (ocurrido en la misma zona que el del año pasado y con similar magnitud) y 1944, el de enero de 2021 tuvo sus particularidades. Qué se sabe hasta hoy, a un año del evento, de este sismo de magnitud 6,4 con epicentro en la ladera este del Cordón de las Osamentas.

Con la fuerza del sur
A 54 kilómetros al suroeste de la Capital de San Juan, en la ladera de una montaña del Cordón de las Osamentas, en la Precordillera Central, las grietas, los desprendimientos de rocas y los signos de licuefacción del suelo eran, para los expertos del INPRES y del CONICET que viajaron para realizar el relevamiento in situ, los indicios inequívocos de que se hallaban cerca del epicentro del sismo que la noche anterior había devastado una amplia zona comprendida entre La Rinconada y Carpintería.

En aquellos momentos, los de las primeras horas, los relevamientos de Bomberos, la Policía y Protección Civil arrojaban daños materiales (principalmente en edificaciones de adobe) en Pocito, Rawson y Rivadavia, todos departamentos cercanos al epicentro, y en los hospitales eran atendidas centenares de personas con heridas de distinta gravedad. Afortunadamente no se registró ninguna muerte directa por el terremoto, aunque ya al otro día, y mientras trataba de apuntalar con unos familiares una pared que finalmente cedió, un hombre perdió la vida.
 

Con los días, sin embargo, el número de damnificados aumentó: desde escuelas hasta el Auditorio Juan Victoria, cerca de 30.000 construcciones sufrieron daños serios a moderados, y algo más de 3.000 edificaciones colapsaron o tuvieron derrumbes parciales. Las personas sin hogar debieron dormir a la intemperie la noche del sismo y las siguientes, hasta tanto los municipios y el gobierno provincial organizaron la ayuda. Miles de comprovincianos armaron campañas para proveerles alimentos y principalmente agua. Por una semana toda una provincia se abocó a determinar cuáles habían sido los daños y cuántas las personas afectadas.

Durante los meses siguientes, y con un gran temporal de lluvia en el medio, los damnificados vivieron en condiciones terribles, algunos a la vera de las calles, hasta que los módulos de emergencia y los materiales de construcción que repartieron el Gobierno provincial (que recibió inmediata ayuda nacional) y los municipios pudieron aliviarlos. Este terremoto agrietó un largo tramo de la ruta 40, se sintió con fuerza en el centro y sur de San Juan, en el norte de Mendoza (donde se registró el colapso de una vivienda de adobe) y se percibió con una intensidad moderada en Córdoba y la región metropolitana de Chile. Testigos de Carpintería afirman haber visto volcanes de arena y surgencia de agua en los instantes inmediatamente posteriores al sismo.

Contexto geológico: dónde ocurrió y por qué


En el corredor tectónico Zonda-Maradona-Pedernal es posible reconocer un sistema de fallas con actividades cuaternarias (desde hace 2,59 millones de años hasta el presente); algunas de esas fallas son visibles en superficie sobre la ladera este del Cordón de las Osamentas, lugar del epicentro. Este sitio forma parte de la zona de contacto entre la Precordillera Central y la Oriental, dando origen a un sector intensamente plegado y fallado debido al acortamiento de la corteza levantada durante las últimas etapas de la formación de la cordillera de los Andes.
 

Toda esta actividad tectónica tiene origen en la subducción de la placa de Nazca debajo de la placa Sudamericana. Este proceso, en el cual una placa más densa de corteza (la de Nazca, oceánica) queda por debajo de otra menos densa (Sudamericana, continental), genera cordilleras, vulcanismo y actividad sísmica, la cual, como se puede percibir de vez en cuando, es continua y de moderada a fuerte (principalmente en Chile, situado encima y a pocos kilómetros de la zona de subducción).

En las zonas de subducción, la placa oceánica, más densa, queda por debajo de la placa continental. Esta interacción genera vulcanismo, actividad sísmica y cordilleras como la de los Andes.

De este lado de la cordillera los sismos son más moderados y tienden a ser más profundos, especialmente en el norte y sur del país, pero en la zona comprendida entre el norte de Mendoza y el centro-sur de San Juan, conocida geológicamente como Cuyania, existe una ocurrencia mayor de sismos moderados a fuertes. Bastará ahora con decir que la razón de esta alta sismicidad local se debe a una anomalía en la inclinación de la plaza de Nazca debajo de la Sudamericana.

El evento principal del 18 de enero de 2021 produjo grietas que en algunos casos llegaron a tener 5 cm de apertura y una profundidad de 2 a 3 metros en Carpintería, eventos de licuefacción del suelo en zonas cercanas al epicentro, mientras que en Zonda y Pedernal se observó caída de rocas sobre las rutas. Se han registrado 940 réplicas con magnitudes entre 1,5 y 5 (420 de ellas con magnitud superior o igual a 2,5) entre enero y febrero pasados, localizadas todas en un radio de 20 km del epicentro. La distribución de las réplicas muestra una notoria ausencia al sur del evento principal, concentrando cerca del 90% al norte. Los análisis sismológicos de los expertos indican que por su ubicación y profundidad este sismo no puede ser asociado con el sistema de fallas de Las Osamentas, Maradona y Papagayos, y que evidenciaría la reactivación de estructuras formadas durante el Paleozoico (hace aproximadamente 540 millones de años) con potencialidad de generación de sismos de tamaño moderado a grande, a poca profundidad, como lo fue justamente el del año pasado o el de 1952.

Mapa en planta que muestra la sismicidad superficial asociada al terremoto Mw 6,4 del 18 de enero de 2021, incluyendo al sismo principal (estrella) y 420 réplicas con ML <= 2,5 registradas durante los siguientes 30 días. También se indican fallas con actividad cuaternaria: 1) falla Maradona; 2) sistema falla Cerro Zonda Sur; 3) sistema de falla Papagayos; 4) sistema de falla Zonda; 5) sistema de falla La Rinconada; 6) falla Las Osamentas; 7) falla La Chilca, 8) sistema de falla El Mocho; 9) falla Acequión.



Información clave para el futuro


El evento principal tuvo una magnitud de 6,4 grados y su mayor liberación de energía tuvo una duración de 5 segundos, pero lo que lo hizo particularmente destructivo fue su poca profundidad: según los investigadores del INPRES el hipocentro (el lugar debajo de la tierra donde se producen los sismos) se ubicó a sólo 5,7 kilómetros bajo tierra. En San Juan han ocurrido eventos de similares magnitudes, pero, al haberse producido a mayor profundidad, la energía de las ondas sísmicas llegó atenuada a la superficie. De todas maneras, y como se detalla en el trabajo publicado en la Revista de la Asociación Geológica Argentina, El terremoto (Mw 6.4) superficial del 18 de enero de 2021 del Cordón de las Osamentas, Precordillera Central, San Juan, Argentina, fuente principal de esta nota, los efectos que un sismo tengan en la superficie no sólo dependen de la magnitud y la profundidad, sino también de la composición geológica de la zona afectada.

Por ejemplo, allí explican que la grieta de la ruta 40 se produjo principalmente porque la carretera está construida sobre material de relleno artificial, y este a su vez descansa sobre sedimento natural que se corresponde con la planicie de inundación del río San Juan. Dice el trabajo científico: “Estos suelos generalmente se encuentran saturados de agua y ante la sacudida generada por el paso de las ondas sísmicas tienen una respuesta de amplificación, desencadenando fenómenos de licuefacción, asentamientos diferenciales o subsidencias localizadas”. Los autores del trabajo, científicos del INPRES y Conicet, también forman parte del Grupo de Sismotectónica del Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO, CONICET-UNSJ) y del Observatorio Sismológico, entre cuyas tareas se encuentra la de mapear y determinar qué zonas de San Juan son aptas para la urbanización y cuáles no. Aquellas en donde se encuentren altas probabilidades de licuefacción del suelo, quizás el peor de los efectos asociados a un sismo, donde la tierra firme tiende a comportarse como un líquido (se licua, de allí su nombre) serán catalogadas como no aptas para la urbanización o el asentamiento humano permanente.
 

Por eso, el conocimiento tanto de la geología local (superficial y profunda) como su interacción con eventos sísmicos de diversa magnitud y localización, sumado al mapeo y seguimiento de los sistemas de fallamiento, es crucial tanto a nivel científico como estatal. A futuro será vital conocer sobre qué terreno se urbaniza o se tienden redes eléctricas o cualquier otra infraestructura.
 

El terremoto del año pasado brindó información que ahora los expertos están analizando y estudiando, información que permitirá conocer más y mejor sobre los sistemas de fallamiento y la dinámica tectónica de la provincia y así planificar inteligentemente el San Juan del futuro. Ningún sufrimiento del año pasado fue, al fin de cuentas, en vano. Cada sismo agrega una porcioncita de sabiduría, un paso adelante en la comprensión de los complejos y poderosísimos procesos continuos e impredecibles sobre los que estamos parados.

Fuentes:

https://revista.geologica.org.ar/raga/article/view/944

https://www.conicet.gov.ar/la-investigacion-despues-del-temblor/

https://exactas.unsj.edu.ar/2021/01/25/terremoto-del-18-de-enero-de-2021/