Con casi 80 años Alfonso Quilpatay, “Coco” para los lugareños y amigos, es algo así como la historia viva del club. De sus recuerdos se desprenden momentos, historias y anécdotas que hacen al espíritu mismo de Los Andes.
Don Alfonso empezó como vocal en el ´53, luego asumió como presidente y desde ese momento rotó en diferentes cargos en la comisión directiva. En el 73 asume nuevamente como presidente y desde allí siguió en el cargo por once años consecutivos. “Luego dejé por salud, pero después me llamaron así que seguí vinculado hasta el 2001”, dijo Don Alfonso.
Su vida está estrechamente ligada a la del club. Su papá fue uno de los socios fundadores y luego él con su familia continuó con la tradición. De hecho su hijo Enrique, quien falleció hace casi tres años en un accidente, fue uno de los actores determinantes en la concreción del nuevo club, ya que como presidente de la institución fue quien firmó el acuerdo con la minera. “Papi, mirá lo que va a ser esto, ¡una belleza!, me dijo un día mi hijo mostrándome los planos. Ocho días después tuvo el accidente que le llevó la vida, era docente e iba camino a la escuela (su moto colisionó con un caballo suelto). ¡Qué tristeza!, ¡lo que le hubiera gustado conocer el nuevo club!, por eso ver esta obra es para mí una emoción muy grande, porque me recuerda a mi hijo”, dijo emocionado Alfonso.
Según contó este protagonista, fueron 26 jóvenes los que en 1916 comienzan con la idea de forjar un club. Dos años después, el 1 de abril de 1918, en la casa de Don Hilario Áreas, sobre una mesa de madera e iluminados con un candil, se labró la primera acta. “El presidente era Don Manuel Jesús Díaz y su primera moción fue definir los colores que identificaron al club en aquel momento. Los elegidos fueron azul y blanco, por el color del cielo y el blanco de la nieve de la cordillera”, contó Quilpatay quien luego agregó que hubo que cambiar esos emblemáticos colores porque eran los mismos del club Colola y se confundían cuando se enfrentaban en los partidos de la liga. “En el 77 la gente de la Unión Vecinal de Trinidad nos regaló equipos de color blanco y negro que son los que ahora nos identifican, a partir de allí el equipo se empezó a conocer como “Los ardillas”, porque así les decían a los de Trinidad”, contó la fuente.
Otra fecha clave en la memoria de Don Alfonso fue el 16 de agosto de 1952, en el marco de las fiestas patronales de San Roque y con motivo de la inauguración del salón del club que pudo concretarse gracias al aporte de toda la comunidad tudcunista. “El club sólo tenía dos piezas, pero un día a los viejos se les ocurrió que sería bueno tener un salón para las actividades sociales. Es así que se hicieron 10 mil adobes y yo corté cientos de ellos, de ese total 5 mil los hizo el club y los restantes fueron aportados por los vecinos. En la inauguración hubo baile y vinieron “Los Aguilera”, la primer banda que llegó a Tudcum, un trío conformado por muchachos de Las Flores que llegaron con sus instrumentos”, contó Quilpatay.
El presente del club también lo emociona y advierte: “Si lo saben trabajar es la llave del futuro para el pueblo, ese club tiene mensurados 12 hectáreas de tierra y con lo nuevo que se ha hecho tienen por delante un camino para comenzar”, concluyó Don Alfonso quien no quiso dejar de lado los agradecimientos: “Fue muy importante el apoyo del Gobierno de la provincia, en especial del Gobernador Gioja que espero se recupere y pronto se reintegre a sus actividades, él tuvo mucho que ver en la realización del nuevo club”.