Era fiesta. Acá y allá. En la semana previa, había una negativa de la policía para autorizar la presencia de hinchas visitantes en Jáchal pero las gestiones empezaron a torcer esa decisión y el viernes por la mañana, el titular de la Liga Jachallera, José Luis Almazán, consiguió el sí para que la ADA pudiera llevar a su gente. Se armó un gran operativo y todos coincidieron en que tener a las dos hinchadas era un espectáculo único para el país cuando es una constante que no hayan visitantes en ningún partido de Argentina. Así se armó todo. Del lado Este, los 120 hinchas de la ADA, del costado Oeste, los hinchas del Carancho. Todo bien, todo fiesta. Los clásicos cánticos, los papelitos, las banderas. Impecable a lo largo de todo el partido pero con un final amargo que nadie imaginaba y que se desencadenó en la desconcentración de las hinchadas. Tenían que salir primero los albardoneros y cuando se retiraban pasando muy cerca de los hinchas jachalleros, intercambiaron insultos primero y luego amagaron con las piedras, motivando la intervención policial para abortar cualquier enfrentamiento. Balas de goma, corridas y un telón más que amargó fueron desdibujando una fiesta que merecía tener otro final.