Su historia de amor no es como cualquier otra. Lucas Pantano, de 30 años y Lizet Campos de 27, se conocieron el año pasado y luego de un año de noviazgo, decidieron contraer matrimonio. Su amor se unió en este caso con la solidaridad y las ganas de ayudar a los niños que más lo necesitan, dándoles una alegría en el día de Navidad. Acción que, sin duda, los emocionó y los impulsó a querer seguir ayudando.

 

Lucas, Lizet y Valentina

 

Lizet contó a DIARIO DE CUYO su gran historia. Vino a vivir a San Juan junto a Valentina, su hija de 5 años. Según comentó, estuvo mucho tiempo sola y su hermana la impulsó a unirse a una red social de citas, “de esas aplicaciones para solos y solas”, dijo entre risas. Allí conoció a Lucas, en esta misma fecha, hace un año. “Empezamos a salir y fue como un flechazo de amor”, asegura emocionada.

 

A los tres meses le pidió casamiento de la manera más romántica. Lizet viajó a Buenos Aires y a la vuelta la esperaba él, con flores, chocolates y perfumes para ella y Valentina. “Obviamente dije que sí, me había enamorado muchísimo”.

 

 

En ese momento empezaron los preparativos de su casamiento. Sin embargo, al momento de pensar en los regalos de boda, no hicieron hincapié en ellos, sino en los niños que capaz no recibirían un regalo el día de Navidad. “Nosotros veníamos conviviendo desde hace mucho tiempo, por lo que no necesitábamos cosas materiales. Por eso preferimos pedir nosotros un regalo específico y como justo se acercaba la Navidad, qué mejor que pedir por los chicos que no tienen la oportunidad de recibir un regalo”, comentó.

 

 

Es así que por cada invitado a la fiesta, se pedía que llevara un juguete  para ser donado a los lugares más necesitados.  Sin embargo, expresó que tuvieron apoyo más allá del casamiento. “Gente que se enteró de lo que íbamos a hacer se sumó y nos trajo juguetes, como así también personas que no pudieron asistir a la fiesta”, aseguró.

 

El mismo 25 de diciembre, subieron todo lo recolectado y partieron.  Llevaron los regalos a Las Chacritas y La Chimbera. “Lugar que veíamos que había niños, era donde nos parábamos. Al principio los niños se asustaron al ver llegar a gente desconocida. Los adultos salían a ver qué pasaba y nosotros les explicábamos la razón por la que íbamos y se emocionaban”, contó conmovida.

 

 

A los chicos les hacían juegos, preguntándoles si se habían portado bien y si habían hecho los deberes durante el año, a lo que “obviamente respondían que sí”. Era Valentina la encargada de entregar los regalos y de jugar con ellos también y, al finalizar la experiencia, quería “ir a buscar sus juguetes para seguir entregando”. “Es muy emocionante, incluso la gente te agradecía mucho y te contaba su historia. La primera familia dijo que fue una Navidad triste, por lo que nos agradecían por darle una alegría a sus chicos. Es una emoción increíble el ayudar y aprovechamos el casamiento para hacerlo”, aseguró con felicidad.

 

 

Consultada si repetirían lo que hicieron esta Navidad en otras ocasiones, no dudó en responder “si”. “Con mi marido queremos implementarlo todos los años. La idea es hacerlo todos los 25 de diciembre con los juguetes que recolectemos durante el año. Los que nos conocen saben que vamos a seguir haciéndolo".