El banco desapareció, pero su empleado servicial, que los publicistas bautizaron ‘Che Pibe’, se mantiene intacto con su corbata de nudo grande y pantalones pata de elefante. El cartel pintado en la cara de un edificio de Central y Tucumán es parte del paisaje urbano desde hace cuatro décadas y uno de los que le ganaron al paso de los años y a la vida del producto. Algunos están desgastados y otros semitapados por árboles, pero en la ciudad se conservan algunos carteles de comercios y productos que ya no existen pero que se resisten a irse.
‘Los carteles de antes eran muy creativos, con imágenes grandes y poco texto. Además, se pintaban a mano en paredes o chapas. Hoy yo siento que la publicidad callejera mutó a un comercio del espacio’, dijo de Jaime de Lara, publicista y autor de varios de los carteles que aún se conservan.
La clave para que algunos de sus anuncios aún se mantengan, según el publicista, era la calidad de la pintura y el tratamiento del soporte.
‘Las chapas eran galvanizadas y les hacíamos un tratamiento de cataforesis, como a los autos. Además usábamos buenas pinturas y en algunos casos poníamos hasta pintura de los trenes, que era refractaria; así se veían en la noche’, recordó.
Por calle Mendoza, en Concepción, un cartel de parada de micros que anunciaba marcas ya desaparecidas, como BGH, fue recientemente pintado para actualizar el número de las líneas, a la vez que otro que anunciaba una vieja gaseosa, como Old Colony, en el Parque, fue retirado.
CAMBIOS
‘En general, siento que los carteles actuales carecen de creatividad y estética. Además, antes se trabajaba con un pintor y hoy sale una lona impresa de una máquina que al tiempo pierde el color’, dijo De Lara. Pero el avance de la tecnología va de hecho un poco más allá y hoy hay marcas y comercios que se anuncian por pantallas de LED, instaladas en distintos puntos de la ciudad.

