El prestigioso periodista Johnny Rives, que escribía sobre Fórmula 1 en el diario deportivo francés L´Equipe, incluyó a Ricardo Zunino entre los 10 mejores pilotos del mundo en 1980. “Eso, para mí, fue algo increíble”, dijo Zunino.

Una deuda. En 1980, Zunino no pudo largar el mítico Gran Premio de Mónaco, una cuenta pendiente para el sanjuanino. “Las cosas venían mal. Yo no sabía si iba a seguir corriendo y el auto realmente no andaba. Pero cuando el coche está lerdo, hay que demostrar coraje. Y fue así que le rompí un auto a Bernie en Montecarlo, en las pruebas. Realmente me quedé con ganas de correr ahí”, dijo.

Celebridades. La Fórmula 1, especialmente en los ´70 y ´80, fue muy de la mano del jet set. Y Zunino se codeó con muchas celebridades, aunque reconoce que es algo que no le gusta contar. Igual, confesó que “en esos años, hay que decirlo, las celebridades lo iban a ver a uno. Y Ecclestone es un hombre que siempre estuvo rodeado de gente famosa. Recuerdo, por ejemplo, charlas con George Harrison o con Rod Stewart, que iban a los boxes. O un agradable vuelo en avión que hicimos Sean Connery, Bernie, Max Mosley y yo desde Niza a Londres”, apuntó.

Mi amigo Bernie. “Ecclestone es una persona brillante y un gran amigo. De vez en cuando nos escribimos. Además tenía una gran capacidad de presión. Me acuerdo que venía y me decía: ´¿Querés seguir en la Fórmula 1?. Bueno, el otro es un segundo más rápido que vos´. Y el otro era Nelson Piquet. Pero después iba con Nelson y le decía: ´¿Querés ser campeón?. Te estamos dando todo, pero el otro, por mi, que recién se sube al auto, es apenas un segundo más lento que vos´. Un grande”, dijo Zunino.

Escape de la muerte. Ya alejado de la F1, en 1982 Zunino había recibido una ofrecimiento para correr en la IndyCar de Estados Unidos, en las 500 Millas de Indianápolis, pero lo rechazó. “La Indy no me llamaba la atención. Recuerdo que me llamó Rob Inger, pero le dije que no. Cosas del destino, en el auto que iba a manejar, se mató Gordon Smiley. En esto del automovilismo es muy difícil saber qué camino tomar. Yo creo que tuve suerte”, contó (Ndr: el accidente de Smiley está considerado como uno de los más atroces en la historia del automovilismo estadounidense: se pegó a 320 km/h contra un paredón y su cuerpo literalmente se destrozó).