�Los sacramentos, según la creencia católica, son signos eficaces de la gracia, instituidos por Jesucristo y confiados a la Iglesia, por los cuales es dispensada la vida divina. Se trata de un sello indeleble, es decir, permanente y que los cristianos los reciben una sola vez en la vida.
El bautismo es la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos y suele brindarse a poco de nacer. La confirmación es una decisión seria y personal de seguir a Cristo. La eucaristía o comunión es el sacramento central que conmemora la muerte y resurrección de Cristo. El perdón de los pecados cometidos después del bautismo es otorgado a través del sacramento de la conversión, confesión o reconciliación. El sacramento del matrimonio es una alianza de por vida entre un hombre y una mujer, mientras que la unción de los enfermos tiene como fin otorgar una gracia especial a los cristianos que experimentan dificultades de salud o de la vejez. El séptimo sacramento es la ordenación, reservado para ministros de la Iglesia.