A Delfina (28) no le sobra nada, pero lo poco que tiene es suyo. Junto a Agapito (32) han armado la familia que tanto soñaron, y que en sus dos hijos (uno de 6 y otro de 2) se ve reflejada. Se vino del Sur de Bolivia en el 2009 con un único capital, sus ilusiones. Tentada por su tío Rufino, que prácticamente es ya un sanjuanino por adopción, dejó ‘su’ lugar y desembarcó en tierras sanjuaninas, precisamente en Pocito (Vidart, pasando calle 9). No le escapa a las tareas duras, si hay que labrar, labra y si hay que cosechar, ahí con la espalda al Sol está Delfina.
‘’Valoramos lo que este país nos da. Lo único que hacemos nosotros es trabajar para que nos vaya un poquito mejor, no pedimos que nos regalen nada’’, apenas comentó Delfina, haciendo alarde de su timidez. Si bien no descarta volver a la tierra que la vio nacer, está convencida que la labor en la chacra es mucha más satisfactoria que cualquier otra que pueda encarar en Bolivia.
