San Juan, 2 de mayo.-El reloj marcaba las 16,02 aquel 2 de mayo de 1982. La situación en el barco era, dentro de las condiciones, normal. Pero justo en ese momento, el buque se sacudió violentamente. Ese sobresalto dio inicio a lo que vendría: la desesperación, los intentos (en algunos casos fallidos) de salvarse y las maniobras para ayudar a los compañeros.

Finalmente, el ARA General Belgrano se hundió. Allí fallecieron 323 argentinos, 24 de ellos sanjuaninos, que serán recordados el próximo lunes, a las 10, en el cementerio San Miguel, de Rawson. De ese modo, casi la mitad del total de muertos argentinos en la Guerra de Malvinas quedaron sepultados en el mar. Y hoy se cumplen 33 años de aquella tragedia.

El buque había zarpado el 16 de abril. Su objetivo era defender la línea de la costa, vigilar los accesos desde el sur a la zona de las islas e interceptar la flota enemiga si era necesario.

El primer día de mayo, el crucero se encontraba rumbo a posiciones de guerra. Pero en la mañana del 2 llamaron a tomar posición de espera, al Sur de las islas, fuera del área de exclusión declarada por Gran Bretaña. Sin embargo, el Gobierno inglés dio la orden de atacar.

A las 16, el submarino nuclear inglés HMS Conqueror recibió el llamado que los enviaba a hundir el crucero. En ese momento, en el barco argentino, los artilleros que se encontraban de guardia probaban algunos mecanismos y la torre II buscaba posibles blancos en el horizonte.

Tras el primer impacto, todo se escureció y los 1.093 tripulantes se paralizaron antes de poner en marcha todas las acciones para intentar salvar a la mayor cantidad de vidas posible.

Ese fue el primero de los 3 torpedos MK-8 lanzados por el Conqueror, aunque sólo los 2 primeros dieron en el blanco, el tercero golpeó en el casco del Bouchard sin explotar. Sin embargo, el resultado fue fatal y se transformó en uno de las situaciones clave para el fin de la guerra.