Que los 30.000 focos que hay en todo el edificio estén todo el tiempo funcionando, que el centenar de plantines esté siempre florecido, que las 3.000 toneladas de aire acondicionado estén en condiciones y que las 160 cámaras registren el movimiento de las 10.000 personas que pasan a diario por el Centro Cívico.

Estas son algunas de las tareas que tienen que llevar a cabo cerca de 100 personas que trabajan en el edificio y que lo mantienen impecable. El control operativo, la sala de monitoreo, los talleres y toda la maquinaria que utilizan, se encuentran en los subsuelos. Un mundo desconocido para la mayoría de los sanjuaninos. Un sector al que pocos tienen acceso. Desde ahí se maneja todo el engranaje del edificio y es una tarea tan sincronizada que a dos años de haber sido inaugurado la totalidad de la obra, todavía se mantiene intacta.

En el primer subsuelo se encuentran la sala de monitoreo y la de control operativo. En la primera, una pared repleta de pantallas muestra lo que sucede en cada rincón de los cinco pisos, incluyendo la planta baja del edificio y también el entrepiso.

”La seguridad es fundamental. Hay un equipo de 40 personas distribuidas en todo el Centro Cívico durante las 24 horas”, cuenta Gabriel Villavicencio, al frente del equipo. La gente de seguridad está en los accesos principales del edificio. Por lo general son ellos los primeros que orientan al público a la hora de realizar trámites. “Lo más complicado son los fines de semana. Hay gente que quiere acampar en el jardín y los que salen de los boliches suelen instalarse afuera del edificio”, agrega Villavicencio, que ni bien detecta algún problema en el jardín, le avisa a Miguel Ibáñez, uno de los encargados del sector de mantenimiento del edificio.

Este equipo está conformado por 30 personas que trabajan en dos turnos. El personal se dedica a mantener el jardín, la mampostería, las instalaciones de los baños y cocinas, reparar el mobiliario roto, colocar tabiques y repintar las paredes manchadas o dañadas.

Tienen un galpón en el primer subsuelo donde guardan desde la pintura hasta el tractor y los fertilizantes. “Lo más complicado es mantener los baños. Hay que reemplazar cada tanto la tapa de los inodoros, los grifos y todos los días colapsan porque la gente no se acostumbra a tirar el papel en los tachos de residuos”, dice Ibáñez.

“Lo más complicado de mantener son los ascensores, porque todavía la gente no se acostumbra a usarlos bien”, dice Pablo Núñez. Es usual ver a los operarios con uniformes marrones y maletines con herramientas, recorriendo los ascensores para corroborar que éstos funcionen adecuadamente. Es también en el primer subsuelo (hay tres) donde se encuentra la oficina de control operativo, que es desde donde se digita el resto de secciones de mantenimiento. En este sitio trabajan 8 mujeres, que son las encargadas de recibir diariamente miles de cartas y encomiendas que luego son distribuidas en los ministerios, reparticiones y juzgados que funcionan en todo el edificio. Además reciben todo tipo de reclamos domésticos, como si se quemó un foco o el ascensor dejó de funcionar.

Las chicas dicen que reciben un centenar de quejas por día. Daniel Cárcamo está a la cabeza de este sector. “Esto es como el corazón del edificio. Acá entra y sale todo. El trabajo en equipo es fundamental”, dice Cárcamo. Es en este sector del Centro Cívico desde donde organizaron en dos oportunidades simulacros de incendio y terremoto, para enseñarles a los empleados a desenvolverse ante este tipo de catástrofes. Desde allí se maneja las alarmas contra incendios y hay un aparato que detecta dónde se está produciendo el humo o el fuego. Las chicas también manejan la agenda de actividades que se llevan a cabo en las salas de conferencias y en los auditorios que tiene el edificio.

El funcionamiento del Centro Cívico se asemeja a un pulpo cuya cabeza se encuentra en los subsuelos y de ahí salen los tentáculos que hacen que todo funcione durante las 24 horas, todos los días de la semana. Los operarios y técnicos trabajan durante todo el día y el edificio nunca queda solo. Por las noches, el personal de seguridad custodia tanto el interior como el exterior del Centro Cívico. Todos, hasta el operario más raso, tiene un handy mediante el que se comunica con sus compañeros. Esta especie de aceitada red de mantenimiento y seguridad hace que a simple vista, el tiempo no le haya pasado a este lugar.