La conservación de la memoria de los kamikaze, los míticos pilotos suicidas, se intensifica en Japón a 70 años del fin de la II Guerra Mundial generando disputas entre los que condenan y los que legitiman los "ataques especiales” del Ejército Imperial. Los kamikaze son protagonistas de películas de éxito, series de televisión y se han impulsado iniciativas para recuperar el rastro de estos pilotos, como la conservación de sus cartas o la restauración de los lugares donde se entrenaron y vivieron.

Resulta asombroso que los edificios de madera de la Escuela Militar de vuelo de Kumagaya sigan en pie en Okegawa, 78 años después de su construcción. Buena parte del mérito es de Masanori Yanai, de 89 años, y de otro puñado de voluntarios que, como él, trabajaron como operarios en este centro de aprendizaje, el único que sobrevive de entre la decena que tenía el Ejército del Aire durante la guerra.

La última promoción de doce aviadores que se entrenó en esta escuela fue enviada a la tristemente célebre base de Chiran, donde se llevó a cabo la táctica extrema diseñada a la desesperada por el Ejército Imperial hacia el final de la guerra. Los pilotos estampaban su avión contra navíos aliados para causar el mayor daño posible en un intento por evitar una invasión a Japón cada vez más inminente.

"Éramos todos unos niños y ninguno teníamos muy claro qué estábamos haciendo y porqué”, dice Yanai mientras contempla el aeródromo Honda, donde aprendieron a volar los jóvenes pilotos de Okegawa. De regreso a los barracones, el hombre reconoce en todo caso el entusiasmo que muchos pilotos mostraban pese a saber que iban a morir y pone como ejemplo a uno que aún vive. Fue en los doce kamikaze enviados a Chiran y tuvo que echar a suertes con otros miembros de su unidad quiénes subirían a los aviones y quiénes quedarían en tierra. Perdió y quedó muy desilusionado. El resto murió. "En el fondo, creo que los pilotos tenían miedo, aunque eso no era algo de lo que se pudiera hablar”, concluye el exmecánico.

El ayuntamiento de Okegawa ha decidido este año restaurar buena parte de la escuela, algo que alegra enormemente a los afectuosos voluntarios y a la ONG del municipio que trabaja para preservar este legado histórico. Sin embargo, ésta y otras iniciativas similares generan cierta inquietud ante la posibilidad de que sean aprovechadas por los revisionistas nipones para dar una visión deformada del programa de "ataques aéreos especiales”.

(*) Agencia EFE, Tokio.