Color en el Obelisco. Las chicas deslumbraron con sus movimientos y sus trajes coloridos. Más de uno se detuvo para poder tomar una fotografía. También bailaron en la zona céntrica.


Buenos Aires amaneció como siempre: a máxima velocidad. Mucho tránsito, bocinazos y peatones corriendo para cruzar las calles. En esa locura, que se repite durante todo el día, el carnaval chimbero pisó fuerte. A tal punto, que a las 11, las plumas, el brillo de las lentejuelas y el resonar de los tambores de la batucada pusieron en pausa a todos los que pasaban por la zona del Obelisco.


Los taxistas bajaron la velocidad para mirar a las pasistas que a pesar del insoportable calor no pararon de moverse. Los peatones se detuvieron a sacar fotos y filmar, mientras que los turistas de distintivos rincones del mundo quedaron boquiabiertos por el despliegue. 

 

Así, sin una gota de vergüenza, sin sentirse inferior a ningún otro carnaval y demostrando que están para llamar la atención de todos, los chicos dejaron todo su arte en las inmediaciones del Obelisco. Esto fue para promover el corso que será el 26 y 27 de febrero y el 2 y 3 de marzo en los corsódromos del departamento. 


Con sólo pisar la vereda del hotel se volvieron el centro de atención. “Hagamos mucho ruido”, dijo uno de los batuqueros y casi de inmediato, los tambores, redoblantes y demás instrumentos comenzaron a musicalizar la mañana. Con el mismo ritmo y acompañados de efectivos policiales cruzaron la calle y la velocidad de los ritmos carnavaleros contrastó a la lentitud con la que la gente comenzó a caminar junto a ellos. Los vehículos bajaron la velocidad y hubo gente que hasta desde arriba de los colectivos les sacó fotos sin parar. Y en ese momento los bocinazos no fueron para apurar a un vehículo sino para saludar a los sanjuaninos que le pusieron una gran variedad de color a la ciudad. Incluso, hasta el personal que se encarga de limpiar las veredas detuvo su labor para observar el show.

Después de bailar en el Obelisco, la comparsa fue hasta la peatonal de calle Lavalle.


Sin dejar de sonreír y con unos trajes que dejaron al descubierto la majestuosidad del carnaval sanjuanino, las pasistas fueron las que se llevaron la mayor cantidad de miradas. Y, entre las plumas anaranjadas, amarillas, rojas y verdes, entre otros colores, los turistas extranjeros fueron los que más aplaudieron a los sanjuaninos. 


Lisa Schmitt, de Alemania, fue una de las que dijo “muy bueno todo”, mientras que Agnies Savo, de Polonia, no paró de aplaudir a los músicos. De este modo, los sanjuaninos alcanzaron ayer su cometido: que el carnaval de Chimbas llegue hasta el corazón de Buenos Aires para que la gente de otros puntos del país lo conozca.

 

El maquillaje, trabajo de hormiga

Demoroso. Varias horas tardaron en maquillarse las pasistas. Convirtieron una habitación en algo similar a un salón de belleza.

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Selfies. La gente aprovechó para sacarse fotos con las bellezas sanjuaninas. Las chicas posaron para todas las cámaras.
Con un famoso. Gustavo Molina, asistente técnico de UPCN Voley, que además es chimbero, concurrió al lugar para ver la comparsa.
Multitud. La gente se apostó cerca del Obelisco para ver el despliegue de ritmo y de color de la comparsa chimbera.

 

En silencio absoluto y sólo consultando qué color era el indicado para los ojos o los labios las pasistas comenzaron a maquillarse y peinarse. La habitación 319 se convirtió en camarín. Los bolsos con sombras para los ojos, de colores bien estridentes, y el rímel para darle más volumen a las pestañas postizas fueron lo más usado por las chicas que quisieron estar bellísimas para la presentación de ayer en el Obelisco. Así, con una mezcla de nervios, ansiedad y alegría las pasistas vivieron la previa del show que dieron en Buenos Aires.


Desde antes que saliera el sol las pasistas de la comparsa oficial comenzaron a prepararse. Y lo que más trabajo les llevó fue el maquillaje porque las chicas encararon la tarea como profesionales.