’Varias veces intenté abandonar porque me levantaba a las 6, iba a la obra, salía a las 18 y llegaba a Jáchal con lo justo para bañarme a ir a la escuela hasta la medianoche. Pero así y todo terminé el primer año y cuando quise acordar ya estaba en segundo; y a esa altura no iba a bajar los brazos. Me costó, fue mucho sacrificio, pero ver a mi familia emocionada el día que me recibí valió todo el esfuerzo. Creo que ahí me di cuenta de lo que había hecho’, recordó Angel Ortiz, sin poder ocultar sus lágrimas. El hombre tiene 52 años, cinco hijos de 12 a 30 años y fue de los primeros empleados de Vialidad Nacional en empezar a trabajar en la emblemática Ruta 150, cuando por entonces allí no había ni huellas. Como se instalaba en Jáchal, es que un día decidió aprovechar sus ratos libres y se animó a anotarse en la escuela para poder terminar la secundaria. Y no sólo que lo logró, sino que fue integrante del cuerpo de bandera. Su historia de esfuerzo es una de tantas de hombres y mujeres que trabajan haciendo caminos y representa un homenaje a los trabajadores viales, que hoy celebran su día.

’Terminar la secundaria siempre había sido una deuda pendiente. Yo fui hasta tercer año de la Normal Sarmiento, pero abandoné porque empecé a trabajar, me casé, tuve hijos y me fui a Buenos Aires a buscar suerte. Estuvimos 25 años allá, manejando un taxi’, contó Angel, quien es vecino de Pocito.

Luego volvieron a San Juan y Angel ingresó a Vialidad como chofer. Pero no se conformó y empezó a aprender sobre suelos y pavimentos, un experiencia de campo que le permitió cambiar de categoría y empezar a trabajar en los laboratorios de campamentos viales. ’Entonces me mandaron a una obra grande que empezaba, la Ruta 150. Al principio nos instalábamos en medio de la nada, hasta que de a poco fuimos avanzando. Desde la obra íbamos a dormir a Huaco y después ya nos trasladamos a Jáchal. Una tarde caminaba con un compañero y decidí a entrar a la escuela Nro 178, para averiguar. Nadie, ni mi esposa, sabía que quería terminar la escuela. Me atendió un hombre que casualmente había terminado la secundaria de grande y me incentivó. A los días compré los útiles’, contó.

No fue fácil para Angel, especialmente por los horarios. Apenas terminaba su turno, dejaba el campamento y recorría casi 100 kilómetros en camioneta para llegar a tiempo a clases, que comenzaban a las 20. Cuando salía, casi a la medianoche, apenas tenía energías para llegar a su hospedaje y comer algo. Luego, a las 6 ya estaba en pie para otra jornada de trabajo y clases.

’Muchas veces me encontraba trabajando con 50 grados de calor en el campamento y viendo de reojo los apuntes porque tenía que rendir. O me mandaban para la ciudad y en vez de poder quedarme en casa con mi familia, ahí nomás tenía que volver a Jáchal por un examen. Sinceramente, el apoyo de mi familia y de Vialidad Nacional fueron claves para que pudiera terminar la escuela’, relató Angel.

Una de sus mayorías alegrías fue integrar el cuerpo de bandera. Con un promedio de 8,95 fue primer escolta de la escuela y de los 12 adultos que empezaron a cursar, fue el único que finalizó el ciclo. ’La vida del trabajador vial es muy dura. En las obras se vive con mucha soledad y ni hablar de los compañeros campamentistas, que pasan días enteros en medio de una ruta a medio hacer. Pero a la vez, este es un trabajo hermoso’, dijo Angel.