Rodeada de recuerdos. Rosalba cuenta su pasado como si lo hubiese vivido ayer. No hay detalle que se le escape. Conversadora y lúcida, le gusta revivir sus días de piloto, llenos de anécdotas.

 

Tenía 16 años cuando empezó a aprender los gajes de la aviación y dos años después ya surcaba sola el cielo. Cuando sus amigas estaban aprendiendo a bordar, Rosalba Maratta de Job, se convertía en la primera mujer cuyana en pilotear un avión. Con la misma fuerza de entonces, recuerda cada detalle de lo sucedido en los ‘40. Hoy, Rosalba, más conocida como Porota, cumple 90 años y dice que está mejor que nunca.


Pilotear un avión no fue algo que le sucedió por casualidad. Tenía 10 años cuando la muerte de una aviadora reconocida la conmocionó tanto que lució un listón negro a modo de luto, durante semanas. Desde muy chica soñó con surcar los cielos. Es por eso que, cuando el novio de una amiga le propuso aprender a pilotear, Rosalba aceptó sin dudarlo. 


“Era un mundo de hombres. Ellos esperaban que yo fallara, que me diera miedo. Pero lejos de que eso sucediera, cada vez que volaba, quería hacerlo una y otra vez”, aseguró la mujer, quien encontró total apoyo en su familia a la hora de hacer realidad su sueño. 


Rosalba tiene un álbum con todos sus logros. Recortes de periódicos que la destacan como la primera piloto cuyana y hasta los diplomas por haber dado charlas mediante las que contó su historia. Una medalla otorgada por la Aeronáutica Civil, una libretita que contiene su historial de horas de vuelo y la patente que la habilita como piloto forman parte de sus tesoros más preciados. A ellos se suma un avión de juguete que le regaló su esposo cuando todavía no estaban casados.


“Todos esperaban que me arrepintiera. Durante el primer vuelo tuvimos un percance y no pude despegar. Mis compañeros estaban esperando para ver cómo me daba por vencida. Algo que no hice nunca. Pero cuando vieron que yo era tan capaz como ellos, me empezaron a respetar y a verme como a una par”, contó la mujer, madre de 4 hijos.


“La emoción más grande fue atravesar las nubes como si fuesen copos de algodón. El cielo es una belleza y yo sólo deseaba estar cerca de él”, dijo.


Rosalba recibió su habilitación como piloto en 1945 y ese día fue una fiesta. Tanto así que llevó al hangar hasta una torta para celebrar con sus compañeros que también habían recibido la credencial. Entonces, según contó la aviadora, los aviones estaban confeccionados de un material parecido a una tela, en vez de ruedas tenían un patín cola y no alcanzaban la altura que en la actualidad. Además, dijo que pilotearlos era sencillo. “Sólo tenían un par de relojes. Era fácil conducirlos. No es como ahora”, agregó.


Si bien no recuerda la fecha exacta de su último vuelo, Rosalba contó que siente mucha nostalgia. Que cada vez que ve un avión tiene ganas de volver al pasado. Un pasado que recuerda con lujo y detalle y en el que siempre está presente su esposo ya fallecido, Sergio Job, uno de los montañistas más reconocidos de la provincia y participante de la expedición responsable de bajar la momia de El Toro, que hoy está en el Museo Arqueológico.

“No sólo amé el cielo. También subí montañas. Fue una pasión que compartí con mi esposo”, concluyó.

 

“Me da nostalgia ver los aviones en el cielo. Es porque siempre tengo ganas de pilotear”.
Rosalba Maratta - Aviadora

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El álbum

Una mujer precursora

Rosalba fue la primera mujer de Cuyo en pilotear un avión. Le dieron su habilitación en 1945. Dos años más tarde se casó con Sergio Job, con quien tuvo 4 hijos. Rosalba vive en Rawson, pero es de Santa Lucía.

Actividad de hombres

En la década del ‘40, pilotear un avión era una tarea reservada sólo para los hombres. En la foto, la aviadora posa con sus compañeros de curso.

Indumentaria muy especial

Para pilotear un avión, en esa época, había que vestir un mameluco blanco. Rosalba contó que esa era la única ocasión en que vestía pantalones. Es que era usual que las mujeres sólo lucieran vestidos o polleras.