Es el primer y único centro del país que genera normativas para evitar el riesgo sísmico de manera permanente. Y en 40 años usó desde los elementos más rudimentarios hasta última tecnología. La ingeniería sismorresistente nació en Argentina tras el terremoto de 1944, con la creación del organismo ‘Reconstrucción de San Juan‘, que luego se llamó Consejo Nacional de Construcciones Antisísmicas y de Reconstrucción de San Juan (Concar). Este generó normas y reglamentos para construcciones. Hasta que en 1968, el Gobierno nacional dio por concluida su misión. Pero estimó conveniente aplicar las normas en otras regiones y generar un organismo que enseñe a la sociedad las conductas a adoptar frente a un sismo. Por eso, en 1972 creó el Inpres, cuya única sede está en San Juan. Desde ese momento, el organismo vivió grandes cambios tecnológicos. ‘Cuando empezamos, los movimientos se registraban con una aguja que vibraba sobre un papel ahumado, es decir, que había sido expuesto al humo. Después, se comenzó a usar papel termosensible, como el de los faxes. Ahora, se trabaja con computadoras‘, contó el director del Inpres, Alejandro Giuliano. Y agregó que ‘otro cambio es que antes los movimientos registrados en las estaciones debían ser retirados por un operador y enviados a San Juan. Después se empezó a usar el teléfono. Hoy recibimos todo por internet o vía satélite‘. Los técnicos siguen analizando el fenómeno y creen que lo más importante es concientizar a la gente porque, según Rodolfo García, quien trabaja en el área de Ingeniería, ‘no sabemos cuándo, dónde, ni qué tan grande será. Pero, en cualquier momento habrá un sismo fuerte‘.
