Fueron 5 minutos en los que el silencio chocó entre las paredes vidriadas y sólo se interrumpió por el quejido de la cámara. Todos estaban quietos, sonriendo y, sobre todo, callados. La mística del Museo de Bellas Artes hizo eco en las 56 personalidades del 2011.

Sin embargo, a la hora de entrar al copetín, todo cambió. Hubo charlas amenas, brindis y muchos deseos de felicidad. Todo había comenzado una hora veinte antes. Los personajes empezaron a llegar solos o acompañados por familiares. Los más puntuales permanecieron en el hall. Pero Pablo Rodríguez no lo pudo evitar y fue el primero en recorrer el edificio.

Poco a poco, se fue animando el resto. La Paisana de la Tradición y su familia, llegada desde Jáchal, ingresaron a ver las obras. Los siguió Miguel Montaño, que tomó fotos a sus hijas posando al lado de los cuadros. Hubo dos personajes que conocieron la sala en pareja, Paula Aceituno y Marcelo Galdamez. Mientras, Margarita Camus y Javier Silva caminaban entre las obras interesados en su charla. Sin dudas, el que quedó más sorprendido fue Franco Silva, quien con la boca abierta dijo: ‘es muy bonito‘.

La mayoría confesó que estaba conociendo el nuevo edificio del Franklin Rawson. Mientras, Virginia Agote oficiaba de anfitriona y marcaba los recorridos.

Ya sea entre las pinturas, de pie en el hall o sentados en los bancos de madera, las conversaciones fluían entre los grupos formados espontáneamente. Los enólogos terminaron con la boca seca de tanta charla.

Los deportistas hicieron un grupo para contar sus experiencias. Y la Reina del Sol, la Virreina del Sol, la Reina de Santa Lucía y la del Trabajador Minero, se reunieron para decidir si se ponían la capa para la foto. El grupo más numeroso fue el de ‘Los héroes‘. Los ahora egresados de Medicina estuvieron en patota y la reunión les sirvió para organizar la próxima juntada. A su vez, Pablo Rodríguez y Antonio Arrieta hicieron de nexo. Se acercaron a preguntarle a la gente por qué estaba allí e iniciaron muchas conversaciones.

DEL MOVIMIENTO A LA CALMA El arribo del gobernador Gioja generó la movilización. Ni bien lo vieron, muchos se acercaron a saludarlo. Los más jóvenes ayudaron a colocar los bancos en el medio del hall y el resto de las personas se fue acomodando. El fotógrafo dio las instrucciones y cada persona ocupó su lugar.

Ese fue el momento en el que el más de medio centenar de personalidades optó por el silencio, marcando una diferencia con las ediciones anteriores, en las que muchos hablaban, hacían chistes y reían. A su vez, los familiares se colocaron detrás de la cámara sin hablar. Los empleados del museo frenaron sus tareas y miraron si pronunciar palabra. El único que se escuchó fue el Gobernador, quien esbozó su tradicional ‘Vino, vino‘ y colaboró con las sonrisas.

El fotógrafo dio el OK y anunció: ‘Ahora vamos afuera‘. Las 56 personas dieron una mirada cómplice a quienes tenían al lado. Es que, hasta ese momento, el aire acondicionado había hecho olvidar a todos que eran las 14 y el Sol estaba en su mayor esplendor. Así parecieron ponerse de acuerdo, salieron y se ubicaron rápido. Y el último flash generó aplausos.

Lo que se sucedió en el bar fue otro cantar. En el trayecto hacia el lugar, la gente retomó la charla. Los grupos volvieron a formarse y, sin preludios, cada uno tomó una copa. El Gobernador inició el brindis con un ‘Salud‘.

Lo siguió Danielito, que volvió todo como al principio. Tomó un papel y comenzó a leer su poema ‘Un ser especial‘. A pesar de que no hubo introducción, todos se quedaron en silencio de nuevo y ni bien terminó volvieron a sonar las palmas.