San Juan.- La famosa grieta divide al país en dos partes bien marcadas, casi idénticas en cantidad de fieles: Kirchneristas y anti. No hay vuelta que darle. Desde hace meses, varios ya, las discusiones sobre política se colaron en ámbitos en los que antes no tenían lugar. Y es que todos, absolutamente todos, quieren opinar, dejar en claro en qué lado de la vereda se encuentran. Como para que no haya confusiones.
Tener una ideología definida no es malo, para nada. Al contrario. Sin embargo, la violencia con la que se encaran algunos temas hace que las peleas muchas veces terminen mal y otras, muy mal, cayendo en ofensas innecesarias.
Si los sentimientos van dirigidos hacia Néstor, Cristina y cía, aparecen los clásicos “planero”, “vago”, “ladrón” y el infaltable “agarrá la pala”. Obviamente, las respuestas son igual de ofensivas: “gorila” y “globoludo”, las más usadas. Cuando no se pone un límite y el insulto se hace presente, es difícil volver atrás.
Familiares enemistados, varios. ¿Y amigos? Muchas relaciones han terminado por la grieta y las cosas que vienen aparejadas: peleas y graves acusaciones. ¿Vale la pena? Seguramente no. Habrá que ver si finalmente se pone un punto final con esto que ya roza lo ridículo.
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