Dijo que se llama Luisa Sosa, que tiene 65 años, que desde hace muy poco duerme en los bancos externos del Hospital de Niños, y que no molesta a nadie. Pero los empleados y la gente que concurren al lugar dijeron que hace muchos años que está allí, que insulta a las personas y que hace sus necesidades enfrente de todos. Las autoridades del hospital dijeron que están al tanto de los disturbios que provoca esta persona y que ya comunicaron el caso a la Justicia.

Dos cigarrillos de regalo fueron suficientes para comenzar una charla con ella. Los guardó en el bolsillo del sobretodo de paño que usa en forma permanente, incluso hasta en verano, por miedo a que se lo roben. Dijo poco, pero lo suficiente para conocer parte de su historia.

’Antes vivía con mi hermano en la villa Marini, en Santa Lucía, pero él mismo me dejó abandonada en el hospital porque lo molestaba. Pero no me hace falta nada, tengo ropa, comida y cigarros’, dijo la mujer.

No quiso responder si le gustaría dormir en una cama cómoda y bajo techo. Ante la pregunta apagó el cigarrillo enojada, tomó el atado de ropa y se alejó gritando unos cuantos insultos.

’Hace muchos años que vive acá, pero recién en este último tiempo se ha vuelto un poco violenta. Insulta a la gente y hace sus necesidades en cualquier lugar sin importar que la estén mirando. Y nadie puede decirle nada porque se pone peor’, dijo Fabián, un empleado del hospital.

Por su parte, una mamá que esperaba que su hijo fuera atendido, dijo que los niños le tienen miedo. Y que son pocas las personas que esperan sentadas en los canteros del patio exterior del hospital por miedo a ser molestadas por esta mujer.

El director del Hospital Rawson, Armando Rosales, dijo que está al tanto de las quejas por los ’alborotos y molestias’ que provoca esta mujer, y que derivó el caso a la Justicia. ’Varias veces la llevaron al Hogar de Ancianos, pero se escapó. Ahora le di intervención a la Justicia para que se determine si tiene alguna enfermedad mental y si hay que internarla en el neuropsiquiátrico’, sostuvo

Rosales también agregó que trataron de dar con algún familiar de ella, pero que no lo consiguieron ya que no tiene documentación y nadie sabe si realmente se llama como ella dice.

Al mediodía, Luisa comenzó su recorrido habitual. Visitó cada kiosco interno del hospital en busca de un vaso de café y una tortita para almorzar. Los kiosqueros le siguen convidando comida gratis, pese a que también fueron maltratados por la mujer en varias ocasiones.