�Luego de siete años de pelear con las lluvias que inundaban las calles y arruinaban los muebles, los vientos que hacían temer por la seguridad en la precaria vivienda y los fuertes cambios de temperatura, la pareja que formaron María Ferreyra y su esposo Gustavo Romero tiene desde ayer una casa propia, con todas las de la ley.
La mujer contó que llegó desde Uruguay, por lo cual todavía conserva un acento particular, y formó una pareja con Gustavo, gracias a lo cual tuvieron 3 hijos. “Esta es la mayor alegría del mundo, por fin vamos a poderles darle el bienestar que nuestro hijos se merecen”, dijo emocionada María.
Contó que con mucho esfuerzo ambos lograron levantar una humilde morada en la Villa Del Sur. Pero hora vendrá el desafío de mantenerla. El hombre se defiende con trabajos de albañilería y ella es costurera. “Tengo una alegría inmensa, casi que no lo puede creer”, dijo la joven mientras acarreaba las últimas cosas hasta el camión, para empezar una nueva vida.