Su infancia fue un infierno. En el mismo lugar donde imaginó que iba a sentirse acompañado, donde iba a encontrar contención, se topó con las peores atrocidades. Años después creyó haber hallado la atención y la respuesta en la máxima autoridad, pero el resultado volvió a ser decepcionante. El infierno volvió a hacerse presente.

 

Giuseppe Consiglio tiene 27 años y es una de las tantas personas sordomudas que fueron víctimas de abusos sexuales durante su infancia en el Instituto Antonio Próvolo de Verona. Se trata nada menos que de la misma institución cuyas filiales en La Plata y Mendoza fueron escenarios de las mismas vejaciones por sacerdotes como Nicola Corradi, quien fuera denunciado en ambos países.

 

Después de haber recibido los abusos desde los cinco años de edad, Consiglio vio cómo su vida empezó a caerse a pedazos. A su discapacidad de hipoacusia se le sumó un conflicto enorme en las relaciones sociales, trastornos sexuales y problemas para alcanzar una seguridad laboraldurante el resto de su vida adulta.

 

Así, casi sin proponérselo, el joven veronés se convirtió en la figura emblemática en el reclamo de una agrupación de víctimas de abusos de curas pedófilos nada menos que ante el propio Vaticano: a sus 24 años, el joven le entregó en mano al propio papa Francisco una carta, donde se explicitaban los abusos cometidos en el Instituto Próvolo desde hace medio siglo (en la que estaba incluido el nombre de Nicola Corradi) y con la que se esperaba que hubiera una respuesta firme por parte de la máxima autoridad eclesiástica.

 

De tal manera, Giuseppe Consiglio comentó los detalles de ese encuentro con el Papa y su decepción que hoy en día aún sigue viva.

 

"Ingresé al Instituto Próvolo a los 3 o 4 años. Luego de un año y medio de haber entrado, comenzaron los abusos", relató Consiglio vía e-mail.

 

El veronés acusa de los abusos al cura Agostino Micheloni y a dos sacerdotes y monjas cuyos nombres nunca pudo recordar. "Era acompañado a estos encuentros por diferentes monjas. Practicaban conmigo sodomía y me hacían practicar sexo oral", detalló.

 

Giuseppe explicó que esos abusos, mantenidos en silencio durante años, lo afectaron de manera directa y profunda en su vida adulta: "Prácticamente me arruinó la existencia. Tuve desórdenes sexuales, problemas para relacionarme y trastornos con el sueño que duraron años", añadió.

 

El joven reconoció que nunca se animó a contarle a su madre sobre los abusos en persona y que ella se enteró de la noticia recién en 2012 y gracias a una entrevista concedida al diario Il Fatto Quotidiano.

 

Sin haber hecho denuncias durante toda su vida, Consiglio se terminó por unir a la red "El Abuso", una agrupación italiana que nuclea a diversas víctimas de abusos por parte de sacerdotes pedófilos. Allí, encontró el refugio para poder iniciar un reclamo de Justicia ante las máximas autoridades de la Iglesia Católica.

 

Fue así que en octubre de 2014 se redactó una carta al propio papa Francisco, en la que se detallaban los nombres de los abusadores del Instituto Próvolo y se rogaba una respuesta firme y contundente desde el Vaticano contra los protagonistas de los vejámenes.

 

Las víctimas de los abusos nunca recibieron respuesta por parte del máximo pontífice, por lo que decidieron enviar la carta una vez más. Y el resultado también fue la ausencia de respuestas.

 

"Durante una de las jornadas de discapacidad, tuve la oportunidad de hablar durante siete minutos con el papa Francisco y aproveché para entregar la carta directamente en sus manos", relató Consiglio, sobre el encuentro llevado a cabo en el Aula Pablo VI, también llamada Sala Nervi.

 

Una vez que el tema de los abusos apareció en la conversación, el propio joven sintió malestar e incomodidad en el papa: "Cuando le hablé de pedofilia, noté de repente una rigidez y un cambio de expresión en el pontífice", explicó.

 

Y el mal momento continuó: "Francisco me pidió perdón, me dijo que rezara por él y luego me bendijo. Me quedé perplejo porque eran palabras que ya había escuchado antes por parte de otros sacerdotes".

 

El saldo de esa cita fue inesperado y decepcionante. Lo que en un principio parecía ser el momento justo para captar la atención del máximo pontífice, se terminó por convertir en una escena de desilusión y tristeza.

 

"Me fui de ahí con poquísima esperanza", afirmó Consiglio y sentenció que hoy en día, un año y medio después de la cita, "me doy cuenta de que nunca hizo nada".

 

"El Papa no me dijo abiertamente que se rehusaba a ayudarnos, pero probablemente debe haber tenido limitaciones insuperables impuestas por la Curia", afirmó.

 

Poco después del encuentro, Giuseppe participó de un video realizado por laRed "El Abuso" en el que casi 20 víctimas de vejaciones sexuales por parte de sacerdotes pedófilos le pedían explicaciones al papa Francisco por la falta de apoyo desde el Vaticano.

 

Así y todo y pese a la falta de respuestas de Francisco, el joven Consiglio todavía no baja los brazos en su lucha. El objetivo de su reclamo no sólo radica en la búsqueda por los abusos sufridos sino para intentar evitar que nuevos jóvenes sean víctimas por parte de más ataques sexuales de los curas.

 

"La esperanza existe siempre. El Papa debería ordenar a los obispos que denuncien la pedofilia de la Iglesia y el Vaticano debería probar los hechos ante la Justicia. Hay que asegurarse de que estos criminales sean castigados con la pena que merecen", afirmó.