La confirmación de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central seguramente quedará registrada como la más tortuosa en los tres cuartos de siglo de existencia de la Autoridad Monetaria. Desde que la presidenta Cristina Fernández anunciara su designación el pasado 3 de febrero, en reemplazo de Martín Redrado, Marcó del Pont, a los cincuenta años, debió esperar setenta das para que el Senado aprobara su pliego, como final de un proceso que se extendió más allá de lo esperado por oficialistas y opositores. Sobrina nieta de Rogelio Frigerio y autodefinida como “una vieja desarrollista”, Marcó del Pont es licenciada en Economía recibida en la Universidad de Buenos Aires, con un master en la Yale University. Se desempeñó al frente de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) y desde las postrimerías del Gobierno de la Alianza se sumó a los economistas del Grupo Fénix. Si bien tuvo participación en los gobiernos de Carlos Menem (colaborando con Héctor Valle, quizás su principal mentor) y Eduardo Duhalde (secundando al ministro de la Producción, José Ignacio de Mendiguren), su participación política más destacada la concretó con el kirchnerismo: primero como diputada por la ciudad de Buenos Aires, luego como presidenta del Banco Nación y, desde febrero, al frente del BCRA.
