Olor a pintura mezclado con tíner; pedazos de cartón, papel film y goma espuma tirados en el piso; máquinas soldadoras desparramando chispas; y el ruido de los martillos unido al de la cinta de embalaje que se desprende del rollo. Todo en medio de patas, lomos, cabezas y huesos de dinosaurios, en un escenario que parecía una fábrica de animales prehistóricos. Eran los dinosaurios que forman parte de la muestra Titanes de Ischigualasto que, después de ser embalados en uno de los galpones del Ferrourbanístico, partieron ayer por la tarde a Buenos Aires para zarpar a Japón, donde serán expuestos.

En total son 81 las piezas de la muestra perteneciente al Museo de Ciencias Naturales de la UNSJ que viajarán al país oriental, entre las que hay 26 esculturas, 16 esqueletos y distintas piezas fósiles, algunas verdaderas y otras que son réplicas. Pero en San Juan sólo tuvieron que embalar el 30 por ciento, ya que el resto está en cajas en Buenos Aires, después de haber sido expuesta en Mar del Plata durante la última temporada de verano.

Ayer por la mañana 30 personas trabajaban a contrarreloj preparando las réplicas de los dinosaurios que habitaron Ischigualasto en el Triásico. Algunas se encargaban de arreglar o terminar de pintar las representaciones. Sobre mesones de madera y con la paleta llena de pintura en las manos, retocaban el color de los cuerpos de los animales más pequeños. Después, se turnaban para usar secadores para apurar el secado de la pintura y poder meter en las cajas las representaciones cuanto antes.

A su lado, otros animales esperaban su turno. Entre ellos, una representación de Chiniquodom, una premamífero pequeño que parece una mezcla de perro con puerco espín y muestra sus dientes mientras está en posición de ataque. El animal, que estaba en el ingreso del galpón y provocaba escalofríos a todo el que entraba, es una de las representaciones que la muestra estrenará en Japón, ya que todavía no ha sido expuesta, como otros ejemplares que se presentarán por primera vez en el otro lado del mundo.

En el lugar, distintos reflectores que apuntaban directamente a los mesones sobre los que trabajaba la gente, iluminaban el galpón. Bajo ellos, los técnicos usaban pinzas pequeñas o destornilladores automáticos con los que les sacaban las patas o las colas a los dinosaurios.

Los animales corporizados más grandes recibían un tratamiento especial. A la caja de madera, dentro de la que viajarán a Japón, la armaban alrededor de ellos. Y a las pezuñas, la cara y la cola, las cubrían con pedazos de cartón y luego con trozos de goma espuma que sostenían después con cinta de embalar.

A las partes de las representaciones de los esqueletos las cubrieron de la misma forma pero, al ser partes más pequeñas, podían colocarlas directamente dentro de las cajas. También usaron piezas cuadradas de telgopor para sostener algunas de las partes de los animales.

Así, poco a poco, los dinosaurios sanjuaninos quedaron protegidos en 7 cajas que viajarán a Buenos Aires en un camión y se unirán a las 12 que ya están preparadas en la ciudad porteña para subir al barco que los llevará hasta Japón.