Domingo, 16.50 horas. La tranquilidad típica del Barrio Municipal de Desamparados se transformó en caos, pánico y desesperación. Una impresionante explosión, seguida de un voraz incendio, causó conmoción entre los vecinos. Lo que minutos antes era una farmacia se transformó en un puñado de escombros. Es que el local, literalmente voló por los aires. 
Todo sucedió el 3 de septiembre de 1995 y los testigos aún recuerdan con lujo de detalle lo ocurrido. La terrible onda expansiva dejó como saldo también dos autos incendiados, otros con importantes daños, vidrios y mampostería esparcidos en cuatro manzanas a la redonda e incendios en varias viviendas. Milagrosamente, no hubo heridos de gravedad pese a que en la casa de al lado se llevaba a cabo una fiesta con varios niños. 

Lo que en principio parecía ser un escape de gas accidental, con el correr de los días la hipótesis de explosión intencional comenzó a tomar forma. 

Según testigos que pasaban por el lugar y que salvaron su vida de milagro, el furioso episodio se vivió como un terremoto. Luego se sintieron otras detonaciones, mientras volaban el techo, las paredes y las vigas de madera del edificio, que caían a más de 100 metros del lugar. Casi de inmediato llegaron las llamas, la nube de polvo, los gritos cargados de angustia y el desgarrador llanto de quienes buscaban a sus seres queridos. 

Los Bomberos llegaron rápidamente al lugar intentando que el fuego originado en la Farmacia Echeverría no llegara a las casas aledañas. También revisaron entre los escombros ante la posibilidad de hallar personas heridas, atrapadas o incluso fallecidos. 

Además del comercio que desapareció por completo, los tres vehículos que se encontraban estacionados en la puerta quedaron destruidos: una camioneta se dio vuelta en el aire, cayendo a 10 metros del lugar donde se encontraba, volcada. Los reportes de la época señalan que la explosión se sintió a un kilómetro a la redonda. La noticia se extendió rápidamente y en San Juan no se habló de otra cosa durante días. 

El propietario de la casa de al lado, en la que se realizaba una fiesta familiar, aseguró que desde el sábado se sentía un fuerte olor a gas en la farmacia, que al momento del estallido se encontraba cerrada. En un principio pensó que se trataba de una pérdida en un tubo de uno de los autos estacionados, por lo que le restó importancia. El hombre sufrió daños en su vivienda y en su vehículo, al que le cayó una pared encima, pero se mostraba agradecido de que nadie haya resultado herido de gravedad. "Dios estuvo aquí, si no nos hubiera protegido, esto hubiera sido una masacre", agradeció. 

Otra vecina relató la espectacularidad del siniestro. "La explosión fue tremenda y de inmediato vimos enormes llamaradas que se nos venían encima", contó la mujer. La tremenda bola de fuego que surgió del local quemó varios frentes, mientras ladrillos y escombros volaron en todas direcciones, destrozando jardines, verjas, puertas y ventanas. 

La investigación

 

Dos perros que vivían en el interior de la farmacia, iniciaron la teoría de la explosión premeditada. Ambos fueron encontrados con vida bajo una pila de escombros, entre tierra y ladrillos donde antes funcionaba la cocina del departamento ubicado detrás de la farmacia, que también se derrumbó. 

El hallazgo hizo pensar en algún momento que se debía desechar la hipótesis de que la explosión se originó por una pérdida de gas dentro del inmueble. Si esto hubiera pasado, los animales habrían muerto asfixiados. Sin embargo, los pesquisas no se aferraron a esto porque consideraban que los canes podían haber estado lejos de donde se originó el estallido. La otra teoría, manejada no por pocos, hacía referencia a la posibilidad de que una bomba hubiese hecho volar todo. 

Finalmente, el 26 de septiembre la Justicia determinó que la explosión no fue accidental. "En la Farmacia Echeverría estalló una bomba", rezaba la edición de DIARIO DE CUYO de esa jornada. "No fue un artefacto, pero el gas que provocó la explosión llegó hasta allí debido a que una persona tenía la intención de que ni una sola pared quedara en pie y desapareciera la mayor cantidad de remedios dentro del lugar que tenía cobertura total del seguro", se publicó entonces. 

El juez correccional encontró evidencias muy claras para demostrar que lo sucedido no se debió a un simple escape de gas, gracias a 100 hojas atiborradas de fotos, peritajes y documentos. Básicamente, según la Justicia alguien que tenía ingreso libre a la farmacia colocó una válvula fallida a propósito unas horas antes, dejando pasar el gas libremente, por lo que el final era sólo una cuestión de tiempo. Una chispa alcanzaba y podría ser generada por la heladera del lugar o por el reloj eléctrico del cartel luminoso. 

Sin embargo, el propietario de la farmacia insistía en que todo se trató de un accidente. "Tenemos la plena seguridad de esto y aunque no tenemos mayores precisiones de cómo ocurrió, sabemos que el hecho no fue provocado desde el interior de mi negocio", indicó. Además, explicó que el negocio se encontraba en una situación económica óptima. Sin embargo, los vecinos no coincidían y no dudaban en asegurar que casi siempre estaba vacío. 

Lo cierto es que la causa se archivó sin culpables, pese a la certeza que la Justicia tenía sobre un atentado.