"Tierra Santa es un mundo totalmente distinto del nuestro. Hace 14 años que estoy allá y al principio fue muy difícil, porque se extraña todo: la familia, la congregación, el asado, las empanadas", recordó la hermana María Pía Carbajal. Pero, inmediatamente, habló de los chicos, y no tan chicos, que viven en el hogar para niños discapacitados que creó junto a otras tres monjas en Belén (ciudad de Israel donde nació Jesucristo), y su cara se llenó de felicidad.
La hermana María Pía tiene 38 años, nació en San Juan y actualmente vive en Belén. Vino a la provincia por un mes para ver a su madre y a sus dos hermanos. En su visita contó que en Medio Oriente comparte su vida con una monja de Salta, otra de Egipto y otra de Brasil, y que todas pertenecen a la congregación Instituto del Verbo Encarnado. Ella es la encargada del Hogar Niños de Dios que fundaron allí, que está ubicado muy cerca de la Capilla de la Natividad, donde nació Cristo. En la institución las hermanas dan resguardo y protección a personas con discapacidades, que en aquella cultura lejana son discriminados hasta por sus propias familias.
Con su hábito gris y azul y una voz firme, la monja contó que la barrera más fuerte que encontró al llegar a Medio Oriente fue el idioma. "Cuando llegamos en 1995 junto a otras hermanas, comenzamos a estudiar la lengua árabe. Es muy complicada, sobre todo porque se escribe de derecha a izquierda. Y, además, el dialecto que se escribe y se lee es clásico, y el que se habla es coloquial", explicó.
Su primer función en Medio Oriente fue asistir a los pacientes de un hospital. "Ahí vimos la realidad de los chicos discapacitados, que son muy rechazados por la sociedad", dijo la hermana. Y contó que "si la familia tiene un niño discapacitado lo esconde. Y si ese nene tiene una hermanita normal, lo esconden más. Porque si no, después nadie se quiere casar con la chica, porque se cree que tiene genes defectuosos".
Esa situación motivó a las hermanas a crear el hogar. "Actualmente tenemos 17 personas discapacitadas, de entre 2 y 43 años viviendo en el hogar. Algunos niños tienen papás, pero tienen problemas en la casa. A otros los han abandonado", relató María Pía. Y destacó con orgullo que algunas de esas personas son cristianas y otras musulmanas. Esa es una unión que, según dijo, es difícil de encontrar en el lugar. "Lo que buscamos es ayudar con el diálogo interreligioso", dijo. Esa es la otra función de las hermanas: generar fuentes de unión para enfrentar la puja religiosa que hay en la zona, donde judíos y musulmanes viven enemistados. "Y en el medio estamos los cristianos -contó María Pía-. Allí nos reunimos los católicos, ortodoxos y protestantes, para lograr que el cristianismo continúe presente en la tierra en la que nació Jesús".
Actualmente, la idea de las hermanas es ampliar el hogar. Pero eso se les complica porque la institución se mantiene con "la providencia divina", según describió María Pía. Y comentó que "el Obispado nos presta la casa y manda benefactores. Pero no tenemos un sueldo. Nunca nos ha faltado para comer, aunque a veces estamos un poco ajustaditas. Pero hay personas que nos ayudan con donaciones. Vivimos al día, pero los niños son ángeles y ellos permiten que Dios nos ayude para seguir".

