El Sociólogo Antonio De Tommaso explica que la historia social argentina y prácticamente del mundo occidental evalúa dos tipos de muertes: la que respeta el orden establecido, es decir donde los más viejos mueren primero y la de aquellos que mueren a destiempo. Es a este último caso, al que los antropólogos le denominan una “buena muerte”, definiéndola como aquella donde el muerto lo hace “con las botas puestas” y dejando “tareas inconclusas”, es decir en plena actividad y de forma súbita. Es en este tipo de muertes donde nacen los mitos. Ejemplos históricos hay al por mayor: Jesús, El Che, Lennon y otros miles. Es con este tipo de muertes donde nacen conflictos y debates. Esta sociedad siente y se siente frágil ante estas situaciones cuando lo vive de cerca.

La sociedad llora la muerte de todos sus líderes: Artísticos, Sociales, políticos. En estos casos, el culto a los muertos es una forma de patriotismo, como si fuesen monumentos. Y esto sucede que son muy pocos quienes piensan en la muerte de los líderes referenciados y son percibidos como si nunca fueran a morirse. Se percibe a los líderes como si no fuesen mortales. La especie humana es la única que sabe que va a morir. Sin embargo, pensamos que su omnipresencia no los matará jamás.

Hoy la muerte es discreta. Se trata de evitar situaciones de extrema emotividad. Los usos y costumbres han variado ante la muerte. Por ejemplo la banda negra en la manga ha desaparecido, prácticamente nadie se viste de negro, se llora en secreto, se cierran los ataúdes, se creman los cuerpos, los velorios son de menor cantidad de tiempo. Todo esto es porque la sociedad se prohibe la idea de la muerte. “Por esto me parece una acertada decisión cerrar el cajón de Kirchner, pues todavía abundan en nuestra sociedad mentes primitivas que satisfacen su morbo”, dice De Tommaso. Agrega “vivimos en una sociedad que lucha diariamente por alejarse del dolor, no haciéndose cargo de él. Mucha gente, comete el error de ver al dolor como algo que se debe superar y no como algo que se debe vivir y experimentar”.

Por Antonio De Tommaso, Licenciado en Sociología