Con el Sol que los acompañó durante toda la mañana y preparados para una larga aventura, 47 chicos de la colonia Escuela de Verano y Deporte Aventura de la UNSJ, emprendieron una experiencia única. Los chicos hicieron un trekking de más de 4 horas y conocieron cuevas y disfrutaron el paisaje de Ullum y Zonda. Esta fue la primera aventura de los alumnos (de entre 12 y 16 años) de la colonia que tendrá campamentos, escalada y otras experiencias similares.
Partieron desde el Palomar bien temprano y viajaron hasta El Castillito, en el dique de Ullum, desde donde iniciaron la caminata. Se pusieron las gorras, prepararon las botellas con agua y las bolsas con frutas. Además llevaron caramelos, frutas y las infaltables cámaras de fotos para recordar el paseo.
Los primeros pasos los hicieron para cruzar el paredón del dique. Luego el paisaje cambió y el grupo de niños se convirtió en una larga fila india. Es que el sendero se volvió una huella donde sólo se podía caminar uno detrás del otro. La primera bajada los llevó hasta la ’Quebrada de las Avispas’, ahí las paredes de 40 metros de altura (formadas por una bajada de creciente), fueron una de las bellezas naturales más imponentes que pudieron ver. Luego comenzaron a subir, y tras una media hora de caminata se encontraron con ‘La Cueva de las Brujas‘, un socavón hecho en las dunas por las lluvias, el viento y el paso del tiempo. Ahí el paseo comenzó a tener un toque de fantástico. Es que tras subir y bajar varias veces, los chicos entraron al corazón de la cueva, donde las historias de terror y los restos de plumas de palomas y excrementos de aves hicieron que a más de uno el corazón le latiera rápidamente.
Luego fue el momento del primer descanso. Agua y algunas frutas fueron el alimento para recargar las pilas, mientras que el silencio de las dunas y el cansancio hicieron que los chicos permanecieran callados.
Tras retomar el camino se encontraron con más cuevas y nuevos desafíos. En ellas la luz del Sol no penetra por lo que la visión se volvió complicada. Ahí con linternas y en grupos los chicos pudieron investigarlas.
Ya más cerca del final y tras haber caminado más de 3 horas y media llegaron a ‘El Mirador‘, un lugar en el cerro desde donde observaron todo el Valle de Tulum. Después de ese pequeño descanso, la huella se transformó en dunas. Y cada paso se volvió más pesado pero la alegría de hacerlo entre amigos hizo que pasara desapercibido. Ahí llegaron a orillas del río San Juan, luego al dique Ignacio de la Roza desde donde cruzaron al bosque del Camping El Pinar. Y fue en este espacio verde donde almorzaron y volvieron a subir al colectivo que los trasladó hasta la Ciudad.

