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Tras décadas de soñar con algo así, de tener obras pictóricas archivadas por falta de espacio, de contar con tesoros escondidos y de funcionar en una vieja escuela mudada, finalmente hoy se vivirá un día histórico para San Juan: con una ceremonia que seguirá la presidenta Cristina Fernández por videoconferencia, se cortará la cinta para inaugurar el edificio recién terminado del nuevo Museo de Bellas Artes Franklin Rawson, junto a la Legislatura Provincial.
Si bien se prevé que el museo comience a funcionar allí en octubre próximo, la construcción ya finalizó tras casi 3 años de obra y el edificio realmente deslumbra, no sólo por las características técnicas que lo ubican en los primeros puestos del país, sino además por lo que representa: será, según la mirada de los artistas plásticos sanjuaninos más destacados, el puntapié inicial para un postergado desarrollo artístico local, que antes chocaba contra la falta de espacio.
El edificio, que suma entre lo reciclado y lo construido poco más de 4.900 metros cuadrados, estuvo presupuestado en 22,5 millones de pesos y tiene un lugar protegido y acondicionado para las cerca de 600 obras del museo, entre pinturas, esculturas, grabados y dibujos. Entre ellas, están los cuadros que más prestigio le dan a la institución, con autores como Alfredo Guttero, Emilio Petorutti, Antonio Berni, Benito Quinquela Martín y hasta el propio Franklin Rawson.
El capital artístico incomparable de las obras que albergará tiene ahora su correlato en la complejidad del edificio. La sala principal de exposición permanente, por ejemplo, tiene una superficie de unos 500 metros cuadrados y es la más grande del país, según consta en el proyecto arquitectónico. A su vez, para proteger ese patrimonio sanjuanino, hay una red de servicios instalados en la nueva sede que no deja nada librado al azar: 11 equipos de aire que mantienen la temperatura más conveniente, inyectores de humedad que generan un microclima para evitar el desgaste, sistemas de muros vidriados con cámaras de aire para que no ingrese el calor del Sol y un sistema de seguridad contra incendios sin comparación en San Juan, que libera gases inocuos para las obras (y para las personas) en lugar de agua o espuma química. Esto, sumado a su auditorio que se integra al eje cultural de la ciudad, a su biblioteca y a sus espacios de recreación, convierten al edificio en una joya del desarrollo urbano.

