En una mesa cubierta con un mantel de plástico hay una veintena de autitos de colores y otros juguetes organizados según su tamaño. De la pared cuelgan varios portarretratos que muestran desde quinceañeras hasta casamientos. Algunos banderines tienen leyendas de agradecimiento y abundan las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús.

La pieza está impecable. Los muebles están limpios y lo que más llama la atención, además de la cantidad de objetos que hay expuestos, es el orden y la pulcritud. Así están las “salas de promesas” del oratorio del Gaucho José Dolores, en Rawson.

Es Leonor Contreras la responsable de mantener así el lugar. Desde hace casi tres décadas la mujer dedica su vida a cuidar el oratorio. Es la que se encarga de limpiarlo y también de recibir a las visitas.

Ella es el engranaje fundamental del sitio al que los devotos de este gaucho van a rezar, a pedir algún favor o simplemente a encender una vela. Por allí pasarán el próximo domingo, los jinetes que participen de la cabalgata en honor a José Dolores (ver aparte).

Desde el 11 de febrero de 1989 es la casera del oratorio. Allí vive junto a su familia.

Leonor llegó a ese lugar por necesidad. En pleno gobierno alfonsinista, a fines de los ‘80 la crisis económica apretó a su familia. Entonces les ofrecieron convertirse en los caseros del oratorio, que está a cargo de la Unión Promesantes José Dolores.

Pero los primeros tiempos no fueron fáciles. El olor a sebo, las paredes negras y el constante peregrinar de gente a cualquier hora del día atemorizó a Leonor. “La primera semana me quería ir. Todo era tenebroso. Las personas prendían velas y parecía un cementerio.

Pero todo cambió con el tiempo. Creo que el gauchito me puso una prueba para ver si era digna de resistir. Ahora, después de que pasaron 28 años, no me imagino viviendo en otro lugar. Esto es mi vida”, dijo la mujer.

Conoce la historia de cada objeto que los promesantes dejaron en el oratorio. Los limpia, los ordena y los clasifica para que los visitantes puedan observarlos mejor.

El domingo se dedica a la capilla, el viernes arregla las plantas, los martes limpia las piezas con los objetos y una vez a la semana, con una garrafa y un soplete, desprende el sebo del piso de la sala de velas. Para Leonor, que el lugar esté impecable es el mejor homenaje que puede rendirle al gaucho.

“Una de los milagros que más me conmovió fue la de un niño que estaba muy grave y se recuperó. La madre dejó su fotografía dentro del vitral de la capilla. Ahora el niño es un hombre”, recordó. Al mismo tiempo, agregó que está obsesionada porque el lugar brille. Que esté todo en su lugar porque es bueno que los promesantes se sientan cómodos.

El ingreso a la capilla es acogedor, sobre todo en verano. Con abundante vegetación, una pérgola y plantas colgantes, los mosaicos brillan y hay banquetas pintadas de celeste para que la gente pueda tomarse un momento.

En el fondo construyeron varios parrilleros que se usan los 19 de marzo cuando se celebra el aniversario de nacimiento del Gaucho José Dolores, especie de Robin Hood sanjuanino.

“Cuando llegué no conocía nada de su historia. Mi suegro era promesante y él nos recomendó como caseros. Con el correr del tiempo empecé a estudiar cada detalle y me enamoré de su historia.

Lo amo”, dijo la cuidadora, que aseguró que cada rincón del oratorio está lleno de fe porque albergan los objetos que lleva la gente, ya sea para pedir un milagro como para cumplir una promesa.

Leonor se compenetra con cada historia. Habla con los promesantes, conoce sus problemas e incluso los aconseja. Las sillas que tiene la capilla fueron donadas por una mujer que hizo una promesa y Leonor colaboró para que fueran tapizadas.

“Acá se hace todo a pulmón. A veces hay plata para una escoba, a veces no. Pero siempre está el esfuerzo para que todo brille”, aseguró.

La devoción por el Gaucho José Dolores fue creciendo dentro de ella con los años. Tanto así que dos de sus hijos llevan el nombre de José. Hoy Leonor no se imagina viviendo en otro lugar.

 

Una leyenda

El Gaucho José Dolores nació a mediados del siglo XVIII en la zona de lo que hoy es San Martín. Perdió a sus padres cuando era muy joven y empezó a deambular realizando distintos trabajos de campo. Durante esas jornadas conoció la pobreza de alguna gente. Así, sin el consentimiento del patrón decidía carnear alguna vaca o becerro para repartir entre esas familias.

Otras veces gastaba los pocos pesos que ganaba por mes en la compra de mercaderías. De peón se convirtió en cuatrero y no tardó en convertirse en prófugo de la ley.

Contaba con el apoyo de algunos pobladores que recibían la ayuda consistente en alimentos y prendas de vestir. La mayoría lo consideraba como un gaucho bueno y amigo de ayudar al pobre, en tanto otros lo sindicaban como un matrero y ladrón de ganado.

El 14 de febrero de 1858, donde hoy está el oratorio, la Policía lo mató. No se sabe dónde sepultaron su cuerpo.

 

La sexta

El próximo domingo 22 de enero se realizará la cabalgata que partirá desde el Parque de Rawson a las 9. Los jinetes irán por Boulevard Sarmiento hasta España y de Ahí a Ortega para tomar Mendoza y llegar al oratorio, a las 10,30.

Agua

En el camino habrá dos puestos de agua. Uno en el Sindicato Empleados de Comercio, por General Acha. El otro estará cerca del predio José Dolores donde terminará la travesía a eso de las 12,30, en Médano de Oro. Habrá un almuerzo criollo.