Su cuerpo es pequeño, pero pelea sin pausa para reabsorber los coágulos que tiene en su interior y curar las heridas internas y externas. Así, Martina García, la niña de 4 años que sufrió un accidente el pasado 24 de diciembre junto a sus padres y su hermano de 6 años, quienes fallecieron, lucha para salir adelante en una habitación de Terapia Intermedia del Cimyn. Mientras, la acompañan su familia paterna, que vive en Mendoza, y materna, que vive en San Juan. Todos con una incógnita: con quién y en qué provincia construirá su futuro la niña.
Su caso causa tanta conmoción que con sólo preguntar por +la nena+ todos en la clínica saben que se trata de Martina y los médicos que están pendientes de su salud todo el día hablan de ella como +la Marti+, demostrando que la pequeña se convirtió en su protegida.
Junto a ella, en la habitación, siempre hay alguien. Su abuelo y su abuela paternos, la hermana de su madre y su marido se turnan para no dejarla sola ni siquiera un instante, según contó personal del Cimyn. En la cama, Martina pasa las horas mirando tele, dibujando o jugando con la infinidad de juguetes que recibió como regalo desde que está internada. Pero cada tanto se detiene, se queda en silencio y pregunta por su papá, su mamá o por Nacho, como le decía a su hermano, ya que aún no sabe que fallecieron. La mayoría de sus familiares evade las preguntas e intenta distraerla. Es la psicóloga que pasa gran parte del día acompañándola quien le responde: +Ellos no pueden venir+. Mientras tanto, intenta prepararla para contarle la verdad. Creen que en estos días le confesará que a sus papás y a su hermano ya no podrá verlos nunca más.
A pesar de su delicado estado de su salud, salvo por la pierna en la que tiene una fractura la niña casi no siente dolor. Es que las heridas que tenía en la piel están sanando sin complicaciones. Mientras que las principales laceraciones y los coágulos están en sus órganos internos, principalmente en su hígado y sus intestinos (ver aparte). Sin embargo, algo que sí la aqueja es el hambre. Según explicó Valeria Pardini, una de las médicas que la atienden, como su sistema digestivo está afectado la alimentan a través de una vía colocada directamente desde la parte inferior de su cuello hacia una vena que va al corazón. De ese modo recibe las proteínas, los azúcares, el sodio y el potasio que necesita para vivir. Sin embargo, no tiene sensación de saciedad.
Mientras su salud mejora lentamente, Martina se acerca a conocer cómo será su futuro, que por ahora es incierto. Es que tanto sus abuelos paternos como sus tíos, que tienen una nena un poco más pequeña que ella, están dispuestos a darle un hogar. El mayor problema es que ellos viven a más de 160 kilómetros entre sí, ya que la familia de su papá es de Mendoza y la de su mamá vive aquí, en San Juan. Aunque ninguno de ellos quiso hablar con la prensa, la intención de ambas partes de quedarse con la niña es algo que todos los que los rodean saben y ni siquiera se descarta una futura intervención judicial que dirima la situación.
De ese modo, la nena del milagro continúa dando batalla para salir adelante y empezar una vida que seguramente será distinta a lo que conocía, pero de una manera que aún no está definida.

