Tanto el edificio como el patio son los mismos. Sin embargo, su esencia es la opuesta. En lugar de recorrer los espacios verdes usando guardapolvo, los chicos visten malla y ojotas. El playón dispuesto para pasar las horas de Educación Física está ocupado por una enorme pileta de lona. Y en vez de mirar hacia el pizarrón, los bancos están pegados a las paredes y los chicos los usan para dejar los toallones mientras hacen rondas en el medio del aula. Así se ve la Escuela Francisco Muñiz, de Sorocayense, en Calingasta, donde el espacio mutó de establecimiento educativo a sede de las Colonias de Vacaciones 2012.

Este año, el departamento sumó 5 colonias a las 3 que ya tenía. Todas están en escuelas de distintas localidades. La particularidad de la sede la Escuela Muñiz es que allí todos se conocen. Eso porque, la mayoría de los 50 chicos que asisten a ella son alumnos de ese establecimiento. La coordinadora, es Alejandra, una de las docentes de la Muñiz, que decidió seguir con los chicos en vacaciones. Y quien cocina para el almuerzo en la colonia es Susana, la portera durante la época de clases.

Los chicos llegan a la escuela todas las mañanas, como lo hacen durante todo el año, pero ellos mismos dicen que ahora entran más alegres y que no les molesta tanto tener que levantarse temprano. En lugar de izar la bandera celeste y blanca, que permanece guardada, cuelgan una blanca con letras de colores que tiene el nombre de la colonia. Inmediatamente desayunan y se ponen a jugar. ‘Algunos días, tenemos actividades previstas y otros, los chicos eligen qué hacer‘, contó la coordinadora.

Después llega el momento más esperado: el del chapuzón. Frente al ingreso a la galería del establecimiento está la particular pileta de lona. Es tan grande, mide alrededor de un metro de alto, que tienen que ingresar a ella usando una escalera. De todos modos entran por turnos. Las damas son las primeras, porque después son las que más demoran cambiándose y secándose el pelo. Luego llega el turno de los más chiquitos y, por último, se bañan los varones más grandes.

En ese momento, las aulas, la galería y el patio comienzan a ser invadidos por el olor del tuco, que ya está casi listo. Un grupo de nenas va a la cocina y le pregunta cuál es el menú a Susana, que está poniendo los ravioles en el agua. Para el almuerzo, se coloca la mesa al lado de la cocina y después no queda más que tapar la pileta, cerrar la escuela y volver a casa.